“Donde quiera que se use el verde, historia de la diáspora Irlandesa”

(Wherever green is worn, the story of the Irish Diaspora)

Por TIM PAT COOGAN

Traducción Libre: JOSÉ BRENDAN WALLACE KENNY

CAPÍTULO 9

AMÉRICA LATINA

“Donde quiera que se use el verde, historia de la diáspora Irlandesa”

(Wherever green is worn, the story of the Irish Diaspora)

Por TIM PAT COOGAN

Traducción Libre de JOSÉ B. WALLACE KENNY

CAPÌTULO 9

AMÉRICA LATINA

“Fue algo horroroso” dijo el Padre Kevin O’Nell1 “Sangre salpicada por todas partes. La alfombra empapada en sangre. Se encontraron setenta y tres cartuchos servidos con los que se los ultimó por la espalda con armas con silenciador; aparentemente los mataron arrodillados. Primero los identificaron, porque sus documentos personales estaban sobre la mesa. Los asesinos vinieron en dos autos. Estuvieron esperando durante dos horas frente a la parroquia la llegada de los integrantes de la Comunidad Palotina. La mortandad pudo haber sido mayor si no fuera que uno de ellos había viajado a Colombia, otros dos estaban en un retiro y el cuarto había ido a visitar a unos familiares.”

   El espantoso incidente, al que retornaremos más adelante, en cierta medida tipifica el destino de muchos de los irlandeses que vinieron a América Latina con el karma de servir a los principios cristianos y se encontraron con que debieron enfrentarse a unas fuerzas armadas totalmente opuestas a esa filosofía.

LOS PRIMEROS EN LLEGAR

  Como se ha dicho, los monjes irlandeses han sido los primeros europeos en llegar a América. Hasta se ha insinuado que San Brendan2, que partió de Kerry, pudo haber sido el prototipo del dios Quetzalcóatl3 de los aztecas, porque la deidad es descripta como un ser alto, rubio y barbado. De todas maneras, se puede afirmar casi con certeza, que los irlandeses llegaron a América Latina de tres maneras distintas: La primera a través de las fuerzas navales británicas y españolas -por cuanto Inglaterra y España eran los imperios colonizadores más poderosos y a su vez adversarios que se disputaban el poder en la región- lo que significó que era muy común encontrar irlandeses luchando en uno u otro bando, tanto en el sur como en el norte de América. La segunda corriente fue a través de las misiones y la tercera, principalmente a la Argentina, como inmigrantes.

  Los primeros en arribar a la Argentina fueron los hermanos Farell, que desembarcaron en 1510 en el Río de la Plata con el expedicionario Pedro de Mendoza, siendo éste el único dato fidedigno que se posee4. El primer irlandés que dejó sus huellas en el continente fue el Jesuita Thomas Field5, que llegó al Brasil en vísperas del año nuevo de 1597. Alrededor de diez años más tarde se fue al Paraguay y salvó su vida milagrosamente cuando su embarcación rozó a un barco pirata inglés en el estuario del Río de la Plata. Los piratas tomaron su embarcación y la remolcaron mar adentro abandonándolo con cinco barriles de agua potable a bordo. De alguna manera llegó a salvo a Asunción junto a otros dos Jesuitas, un portugués y un italiano, y entre los tres levantaron una provincia de la congregación que abarcaba el moderno Paraguay, Uruguay y gran parte de la Argentina y de Bolivia.

  En gran medida, Field fue quien influyó en el establecimiento de las reducciones Jesuíticas entre los guaraníes. Con los años, estas villas misioneras adquirieron fama internacional a través de la película “La Misión6 filmada en el mismo escenario de los acontecimientos. Por algún tiempo los asentamientos fueron refugios seguros para los guaraníes contra la depredación que iniciaron los cazadores de esclavos españoles y portugueses. No obstante, como se muestra en el film apuntado, las villas eran finalmente arrasadas; pero las ruinas de la cultura Guaraní7 todavía permanecen y son atribuidas a los jesuitas. Más tarde, muchos religiosos -y algunos no tan religiosos- siguieron las huellas de Field, a quien se lo indica como el primer sacerdote irlandés que celebró misa en América..

LLEGAN LOS PRIMEROS IRLANDESES

  Se estima que los primeros irlandeses que se establecieron en América Latina, lo hicieron en 1612 a lo largo del Amazonas. Eran comerciantes del tabaco de la firma anglo-irlandesa Philip Purcell. Entre el séquito había personajes pintorescos que acompañaron a Purcell en 1620, entre ellos Bernard O’Brien, que trabó una gran amistad con los indígenas. Los irlandeses mantuvieron sus propiedades en el Amazonas, gracias a la defensa que hicieron de los indígenas contra los portugueses. Si nos atenemos a lo que O’Brien escribió en su diario, es probable que haya empleado mejores métodos a los utilizados por los conquistadores comunes, cuando dice:

“Este es un país donde no se encuentran hombres, pero sí muchas mujeres... ‘Amazonas’. Estas mujeres tienen el pecho del lado derecho muy aplastado, igual que el de los hombres, seguramente (tratado) para que no se desarrolle y poder así disparar sus flechas, mientras que el pecho izquierdo es tan abultado como el de cualquier otra mujer. Están armadas (sic) como los indios. Su reina se llama Cuna Muchu, que quiere decir ‘gran mujer o dama”.8

  En su diario O’Brien continúa describiendo de qué manera vistió a esta gran mujer: ‘Con una camisa holandesa de lino blanco, de la que ella estuvo muy orgullosa’ y al finalizar la semana, cuando debió marcharse con la promesa de volver, escribió: ‘ella y sus compañeras manifestaron la pena que sentían por mi partida’ A todo esto, los portugueses también se habían sentido ‘apenados’ por la llegada de los irlandeses, y en 1625 masacraron a una partida de soldados irlandeses y holandeses en Mandiutuba, entre los que se encontraba Phillip Purcell. De ahí en más, las noticias provenientes del asentamiento irlandés en la región fueron interrumpidas por muchos años y los intereses irlandeses se centraron en las antillas occidentales, particularmente en la isla de Montserrat9

LA INFLUENCIA DE O’HIGGINS 

  Mas tarde apareció en escena un notable irlandés: Ambrosio O’Higgins,10 que nació en Sligo en 1721 y trabajó como cadete mensajero para Lady Bective en Dangan Castle de County Meath. Su oportunidad emancipadora llegó cuando un tío lo envió a Cádiz, España, donde llegó a ser el más importante funcionario español en Sur América: el Virrey del Perú. Se lo recuerda por haber sido la antorcha que iluminó el liberalismo en el círculo marítimo rodeado de tiranías y esclavitud. Abolió el sistema de ‘encomienda’ a través del cual las tierras y la gente eran entregadas a aventureros españoles para ser despiadadamente explotados para beneficio de sus nuevos dueños. En su lugar implantó el sistema ‘inquilino’ a través del cual se le entregaba gratuitamente tierras y semillas a los trabajadores, para que la trabajaran lo mejor que pudieran.

  O’Higgins murió en 1801; a su muerte, su hijo ilegítimo Bernardo O’Higgins11 retornó al Perú desde Inglaterra y reclamó sus bienes por herencia. El joven Bernardo demostró que había heredado algo de la filosofía de vida de su padre, convirtiéndose posteriormente en el libertador de Chile. No obstante se encontró con severas críticas debido a sus métodos autoritarios. A causa de ello debió huir al Perú, donde luchó junto a Bolívar. Sin embargo, se lo recuerda muy bien en Chile, a tal punto que en 1996 el Gobierno Chileno obsequió al pueblo de Irlanda un busto de Bernardo, que hoy se encuentra emplazado en la Plaza Merrion12 de Dublín.

SOLDADOS DE BOLÍVAR

  Para los soldados irlandeses, Simón Bolívar fue una gran atracción. Cuando Bolívar hizo un gran llamamiento a voluntarios ingleses para que se le unieran a la campaña libertadora de Venezuela y Colombia, la mayoría de los que respondieron eran irlandeses. Como resultado del fin de las guerras napoleónicas, muchos soldados estaban desocupados y se alistaron para luchar a las órdenes de un comandante irlandés llamado Arthur Sandez, del Condado de Kerry.

  En la guerra por la independencia venezolana, los irlandeses adquirieron mayor prestigio que otros contingentes que lucharon para Bolívar bajo las órdenes de John Devereux. Estas tropas llegaron a América del Sur entre septiembre de 1819 y mayo de 1820, y al parecer no hubo ningún arreglo con ellos respecto a la comida y el pago. Además, muchos de estos soldados murieron mientras luchaban en Río Hacha, lo que provocó posteriores motines. Mas tarde las tropas fueron embarcadas vía Jamaica, mientras Bolívar comentaba: ‘Estoy satisfecho de haberme desprendido de estos viles mercenarios que no matan si no se les paga’. Este es un excesivo juzgamiento sobre el comportamiento de las tropas de Devereux porque, al menos en algún momento, tuvieron un alto coeficiente de idealismo y coraje para alistarse a las órdenes de Morgan O’Connell13 un hijo del libertador irlandés, Daniel O’Connell14.

  Los irlandeses también sirvieron con distinción en la legión anglo irlandesa y tomaron parte en el afamado cruce de los andes en 1819, además de participar en otras luchas cruciales que posibilitaron el triunfo de Bolívar, como la batalla de Carabobo15, en la que una legión irlandesa de 350 hombres sufrió más de 150 bajas. Los irlandeses pelearon con tanta bravura que a todos los sobrevivientes se los condecoró con la Orden del Libertador, y la legión, que todavía existe como unidad de las fuerzas armadas venezolanas, fue renombrada como Batallón Carabobo.

  Bolívar prefería a los irlandeses como ayudantes de campo, porque consideraba que reunían las condiciones de lealtad y coraje. Uno de ellos, William Ferguson, fue muerto por salvar al libertador de ser asesinado en Bogotá en 1828; pero el más famoso de los ayudantes fue Daniel Florence O’Leary16, nacido en Cork en 1800 y que tomó parte en el cruce de los andes; posteriormente fue uno de los principales diplomáticos de Bolívar. Negoció la tregua con los españoles en 1820 e intentó infructuosamente unir a Perú, Bolivia y la Gran Colombia (Venezuela, Colombia y Ecuador). Más tarde O’Leary viajó a Londres, París y Madrid en busca de apoyo diplomático para el reconocimiento de Venezuela, y fue tan bien catalogado por los británicos, que lo nombraron ‘chargé d’affaires’ en Bogotá. Sus escritos sobre las guerras de la independencia aún hoy son materia de estudio en América Latina. Una de las principales plazas de Caracas lleva su nombre y el gobierno venezolano también erigió frente a su casa natal en la ciudad de Cork, una placa a su memoria.

LOS MARINOS IRLANDESES

  Los irlandeses jugaron un papel importante en la historia de la marina latinoamericana. Entre ellos se destaca la figura de Guillermo Brown, el hombre del Condado de Mayo que fundó la marina Argentina. La Armada Naval Brasileña -gran rival de la marina Argentina- también le debe mucho a los descendientes de los “Wild Geese17, tales como Diego Keating, su hijo también llamado Diego, Jorge Cowan y Diego O’Grady. Todos eran oficiales de la marina portuguesa y cuando el rey lusitano buscó asilo en el Brasil en 1808, estos marinos se embarcaron junto a la familia real y se instalaron en el país carioca.

  Las fuerzas navales ecuatorianas, uruguayas y chilenas también fueron fundadas por irlandeses. La ecuatoriana por Thomas Wright de Drogheda, que a consecuencia de su victoria en la batalla de Callao, se lo consideró ‘el arquitecto de la derrota del poderío español en Sur América’. La armada naval uruguaya fue fundada por Peter Campbell de Tipperary y la chilena, a instancias de Bernardo O’Higgins, por George O’Brien18, que perdió la vida durante una batalla en alta mar en la que había capturado unos cuantos barcos españoles. Así como O’Higgins, su reputación perdura actualmente en Chile y algunas embarcaciones llevan su nombre.

LOS LYNCH

  Otro héroe naval chileno de gran prestigio pero de bajo perfil fue Patricio Lynch19. Era un genio en tecnología, que había servido en la armada británica durante las guerras del opio y del pacífico. Se dice que fue pionero en estrategias de guerras navales, las que no fueron reveladas hasta después de finalizada la segunda guerra mundial. Sin embargo, mientras gobernó militarmente en Lima en 1880, fue hallado culpable de actos atroces contra los peruanos. A pesar de ello, y para el honor de los irlandeses, su conducta fue denunciada por otro prominente chileno irlandés, el escritor y político Benjamín MacKenna20. En recompensa a su valor y destreza demostrada en la toma de Lima, Lynch pasó a formar parte del cuerpo diplomático chileno y fue designado embajador ante España. Hubo otra famosa -o tristemente célebre- portadora del nombre Lynch: Elisa Alicia Lynch. Había nacido en Irlanda y cuando apenas tenía 15 años (1850), contrajo matrimonio con un médico de la armada francesa, al que abandonó tres años mas tarde. A pesar de -o tal vez a causa de- había adquirido una reputación no muy bien vista en París, se la presentaron a Francisco López, el heredero del dictador del Paraguay. López la llevó consigo a Asunción donde tuvieron cinco hijos. Cuando Francisco sucedió a su padre en la presidencia en 1862, desafió a la chismería y nombró primera dama a su mujer. La pareja gozó durante ocho años de poder, opulencia y felicidad. Ella siempre estuvo al lado del dictador durante la guerra de la triple alianza (1865-70) y ejerció gran influencia en él. En 1870 presenció la ejecución de su marido y fue ella misma quien le dio sepultura junto con su hijo mayor. Finalizada la guerra fue deportada y en 1886 murió pobre, desolada y olvidada en Jerusalén.21

  Sin embargo el más famoso Lynch que existió en Sur América fue un hombre que prescindió de su nombre: Ernesto Guevara Lynch, y se convirtió simplemente en “el che Guevara”. Los ancestros del revolucionario cubano eran irlandeses emigrados a la Argentina en la mitad del siglo XVIII, donde formaron ‘una importante familia de estancieros’.22

 

CUBA

  Mucho antes de que entrara en escena el Che Guevara, Cuba sentía una fascinación muy especial por los s revolucionarios irlandeses. Es que siendo una isla y luchando por su independencia contra un poderoso vecino colonialista, tenía mucho en común con los irlandeses, similitud que motivó la seducción de los cubanos. Diplomáticos irlandeses me han confirmado que en privado, Fidel Castro frecuentemente expresó su admiración por Irlanda y su lucha por la independencia. 

  Uno de los clásicos acontecimientos de la lucha cubana fue escrita por un Feniano irlandés: J.J. O’Kelly, que había servido en la Legión Extranjera Francesa en Argelia y México, y posteriormente devenido en corresponsal para el New York Herald. Con este trabajo, en 1873 logró entrar camuflado en un área cubana que estaba bajo el control del famoso general cubano Carlos Perfecto Manuel de Céspedes. Cuando volvió a cruzar la frontera entre Cuba y el territorio controlado por España, fue tomado prisionero y hasta se temió que fuera fusilado. El caso se convirtió en cause célébre tanto en Cuba como en los Estados Unidos, donde sus simpatizantes lograron blanquear la grave situación con la Casa Blanca. Una temporaria toma del poder en España por parte de los republicanos fue una de las causas que salvaron su vida; luego fue deportado a Madrid donde más tarde fue liberado. De Madrid tomó rumbo a Gibraltar y luego volvió a América, y en 1874 recopiló sus artículos publicados por el Herald y editó un libro: “La tierra de Mambi – o Aventuras de un corresponsal del Herald en Cuba”.

  “Mambi” era un término insurgente que ellos mismos se aplicaron. Proviene de un dialecto africano que puede interpretarse como ‘bandido’ o bien como ‘rebelde’. (Sobre la palabra ‘rebelde’ de ‘Mambi’, puede haber muchas otras acepciones, obviamente menos lógicas en Cuba. He oído algunos rumores respecto a que algunos hombres buscados del IRA, encontraron asilo seguro en Cuba durante los recientes conflictos en Irlanda del Norte) El libro tuvo gran éxito cuando fue traducido al español. Cuando se cumplió el centenario de la revolución que O’Kelly había cubierto, Fidel Castro se contrarió por la publicación de una nueva edición de ‘Mambi’, que incluía un amplio y pormenorizado perfil del autor. Finalmente O’Kelly retornó a Irlanda, donde se incorporó como miembro del Irish Parliamentary Party (Partido Parlamentario Irlandés) siendo un incondicional Parnellista 23. Murió en el momento justo, en 1916, un año altamente revolucionario. 

  O’Kelly tuvo más suerte que su contemporáneo Charles Ryan, simpatizante de los fenianos24 y también partidario de la causa cubana. Mientras estuvo en Washington en viaje de negocios, conoció al General Domingo de Goicuría (cubano), que lo entusiasmó para que tomara las armas a favor de la causa de su patria en vez de la de los fenianos. Después de un año de servicio activo se había ganado la confianza suficiente de los cubanos como para ser enviado a Washington a reclutar voluntarios. Lamentablemente se había hecho de muchos amigos españoles y lo capturaron antes de que pudiera ingresar al sector cubano, y en 1873 lo ejecutaron a pesar de las protestas y reclamos que en Nueva York organizaron sus partidarios del Clan na nGael25.

  Por esos días los intereses irlandeses en Cuba se acrecentaron a través de encuentros deportivos (principalmente boxísticos) y del turismo con apoyo diplomático sensiblemente cauteloso. La política exterior irlandesa ha sido siempre censurar los abusos a los derechos humanos en América Latina en general, antes que alinearse con las condenaciones propuestas por los Estados Unidos sobre Cuba. En 1988 Irlanda rechazó su apoyo a una resolución contra Cuba, impulsada por Estados Unidos ante las Naciones Unidas. Fue precisamente en el momento en que este libro se estaba escribiendo, que Dublín buscaba el apoyo de la Casa Blanca de Clinton, para el proceso de paz irlandés. Sin embargo -a pesar de su situación política- Irlanda rehusó apoyar las sanciones contra La Habana. En 2000 ambos países intercambiaron embajadores sobre la base de no residencia.

APOYOS VALIOSOS

  El buen manejo de los intereses irlandeses en las cuestiones latinoamericanas deriva de la influencia y la información provista por los misioneros irlandeses y las ONG. El tipo de represión e injusticia contra las que debieron batallar será dado con mayores detalles en el contexto argentino. Por eso es suficiente decir en este segmento que, como resultado de su tradicional preocupación sobre el tema de los derechos humanos, Irlanda obtuvo un número considerable de apoyos muy valiosos en las Naciones Unidas. En 1981 el titular del Ministerio de Relaciones Exteriores, James Dooge, se opuso al pedido de Washington para que Irlanda apoyara una declaración Franco-Mexicana en contra del partido FDR-FMLN de El Salvador. Al año siguiente, Noel Door, entonces embajador irlandés ante las Naciones Unidas, se opuso abiertamente a los deseos de Washington de aceptar un trato entre Nicaragua - que en ese momento estaba amenazada por una invasión de Estados Unidos - y Norte América, quienes querían el reparto, no a través de las Naciones Unidas, sino a través de la Organización de Estados Americanos (OEA). En un vibrante discurso, Dorr criticó severamente el ‘injusto y represivo régimen de Somoza’, que por supuesto, los americanos respaldaban. En aquella ocasión Dorr dijo:

“Pequeñas naciones, cuyas reales necesidades son alcanzar la paz y el desarrollo, han sido dejadas de lado en medio de luchas civiles, en tanto la violencia construye una sociedad de estructuras injustas que afecta a muchas generaciones. Por eso, cuando se cuestionan estas estructuras, es una señal de que necesitan modificarse ciertas conductas. Ante esta señal de necesidad de cambios, la dirigencia elitista reacciona con la represión porque sus posiciones se ven amenazadas e insiste mantenerse en el poder por la fuerza, sin tener en cuenta la expresión del descontento popular. De esta manera, la muerte y las heridas se han vuelto tan comunes y corrientes - por no decir triviales...”26

  La más clara manifestación del poder que influye en la diáspora, es la política doméstica irlandesa. Esta afirmación quedó demostrada en ocasión de la visita que hizo el Presidente de los Estados Unidos Ronald Reagan a Irlanda en 1984. La primera reacción irlandesa, particularmente del americano irlandés, fue de alarma cuando vieron por TV que se quemaba una bandera de los Estados Unidos en Dublín. Hubo tantas protestas ante la visita de Reagan que su equipo de asesores le aconsejó que concediera una entrevista a la RTE (radio televisión irlandesa) antes de iniciar su visita. Reagan declaró ante la televisión irlandesa, que las críticas sobre su visita fueron fogoneadas desde una organización roja mediante una acción orquestada por cubanos y rusos. La organización católica Trocaire, publicó un comunicado rebatiendo una lista de gruesos errores en los que incurrió el presidente durante la entrevista, mientras la jerarquía católica boicoteaba la visita. Cuando Reagan asistía a un banquete oficial en Dublín Castle, alrededor de 10.000 personas rodearon el castillo con velas encendidas en señal de protesta. Hubo también manifestaciones en contra de la política estadounidense, cuando la Universidad de Galway le otorgó el título de honoris causa, y durante las manifestaciones, cuatro monjas cargaron un féretro portando ramos de flores con los nombres de las monjas asesinadas por los militares en El Salvador en 1980.

  Una de estas mujeres, Jean Donovan de Estados Unidos, estaba de vacaciones en la ciudad de Cork, cuando tomó contacto con un movimiento espiritual que tenía planeado abrir una misión en el Perú, a cargo del Padre Michael Crowley. La mujer estaba tan entusiasmada e inspirada espiritualmente, que cuando regresó a Cleveland, se anotó como voluntaria para ir a misionar a El Salvador. Claro que para Jean los resultados fueron fatales. Es por eso que los lazos irlandeses con América Latina han sido reforzados por la memoria. Todos los años desde 1984 un experto en asuntos latinoamericanos visita la Universidad de Cork y en cada acto se eleva una oración recordando a Jean Donovan.

ESTRECHANDO LAZOS

  Dublín tiene intenciones de estrechar mayores lazos con América Latina. Los pasos comerciales, turísticos y las visitas oficiales se están acelerando. La presidente MacAlese visitó México en 1999, y antes de finalizar el año se ha acreditado un embajador. (Fue designado Art Agnew27, ex embajador en Buenos Aires) Hasta ahora Irlanda fue representada por una de las figuras más pintorescas que hay en las penumbras de los consulados irlandeses, sin dudas un producto de la diáspora, Rómulo O’Farrill,28 que además tiene intereses en la televisión y en los negocios de hotelería en México, como también lazos comerciales más significativos, a través de corporaciones como el Grupo Kerry y el Smurfit, un gigante en embalajes. Por otro lado el turismo irlandés también se ha acrecentando. Pese a todo hay un solo eslabón irlandés que se ha visto algo atenuado. La nueva ley de divorcio implantada en 1997 afectó la costumbre de los más pudientes de volar a Acapulco para obtener un divorcio a la mexicana, además de un buen bronceado solar, no necesariamente en ese orden. 

  Divorcio aparte, el potencial que existe para la expansión comercial irlandesa, no solamente en México, sino en toda América Latina en general, es enorme. Brasil es el próximo país para la apertura de una embajada. Estaba previsto abrir una al mismo tiempo que en México, pero el costo que significó la inauguración de un consulado general en Escocia y Gales, más los gastos originados en el traslado de la embajada en Alemania desde Bonn a Berlín, fue la causa de esta demora.

MÁRTIRES EN MÉXICO 

  La más renombrada contribución hecha por Irlanda a México fueron sus mártires. William Lambert de Wexford, conocido por los mexicanos como Guillermo de Lampart 29, era un notable precursor de muchas otras figuras que, en nuestros días, tomaron una línea más liberal que la adoptada por la Iglesia, y pagó caro por ello. Lambert fue quemado vivo por la inquisición en la plaza Zócalo de la ciudad de México, allá por los años 1660. Probablemente el más famoso grupo de los mártires es conmemorado con una placa de mármol levantada en el distrito San Ángel de la ciudad de México. En ella se puede leer: ‘En memoria de los soldados irlandeses del heroico batallón San Patricio, mártires que ofrendaron sus vidas por la causa de México durante la injusta invasión americana de 1847.’  La placa es una obra del escultor mexicano Lorenzo Rafael, que está casado con lStephanie Counihan, una irlandesa oriunda de Galway, el mismo condado del líder de los San Patricio, John Riley, muchas veces nombrado O’Reilly. La placa conmemora una de las pocas ocasiones en la que hombres irlandeses lucharon en contra del gobierno norteamericano, antes que a favor.

  Su accionar tuvo lugar durante la guerra mexicana-estadounidense en 1846/48, una de las pocas guerras populares en la historia norteamericana. Lincoln la describió como la guerra de ‘mayor decepción... e inconstitucionalidad’. El escritor Thoreau30 fue a prisión por rehusarse a pagar sus impuestos y por llamar a ‘todos los hombres nobles a sublevarse’. La actual casus belli fue el antiguo acuerdo por la disputa de territorios entre los europeos del norte, en gran parte liderados por colonialistas protestantes que se habían afincado en América, provenientes del norte y el noreste y los colonialistas católicos y españoles de América del Sur. Estos últimos se quedaron con lo que hoy es Nuevo México, Arizona, Nevada, California y partes de Colorado y Texas. En 1846 el presidente de los Estados Unidos James Polk desató una controvertida invasión militar a Texas bajo las órdenes del General Zachery Taylor, atribuyendo su decisión a causas del destino.

  ¿En qué medida estarían motivados (si lo estuvieron alguna vez) los irlandeses y mexicanos católicos, para invadir un territorio injustamente, mientras Irlanda era devastada por la hambruna? La verdad nunca se supo. De todas maneras, el concepto de considerar a México víctima de una agresión, como lo fue Irlanda, ciertamente iría en aumento en los sentimientos de los nativos del norte. Sin dudas, este accionar apuntaba particularmente a los católicos irlandeses, en vistas al continuo crecimiento inmigratorio proveniente de Europa. Pero los tiempos del “no sé nada, no sé de qué se trata” estaba llegando a su fin. Mientras tanto, sacerdotes católicos mexicanos exhortaban a los irlandeses a desertar de las fuerzas armadas, argumentando que México era un país católico como Irlanda. Un panfleto del gobierno dirigido a los irlandeses, les aconsejaba seguir los consejos de los sacerdotes, a la vez que les ofrecía una serie de beneficios, entre ellos la adjudicación de tierras, dinero y una pasaje gratis a Europa una vez finalizada la guerra. Más adelante el panfleto decía:

“¿Puede México imaginarse que los hijos de Irlanda, de esa noble tierra de religiosos y hombres bravíos, estén mezclados entre sus enemigos? Hijos de Irlanda, ¿se han olvidado que en cualquier país español al que llegaren serán acogidos con la mejor amistad, tanto por el gobierno como por el pueblo en cuanto declaren que vuestro hogar está en Irlanda? ¿Acaso no es la religión uno de los eslabones más fuertes entre nuestros pueblos?

Irlandeses, se espera de ustedes la justicia, porque son ciudadanos del mismo pueblo que ese gran patriota que fue O’Connell, que entregó su vida en defensa de vuestros derechos, y definitivamente, porque se ha dicho que son ustedes buenos y sinceros católicos. Entonces ¿por qué marchan junto a nuestros más feroces enemigos?” 31

  Riley y sus camaradas aparentemente comulgaban con estos sentimientos. El trato de los españoles hacia los irlandeses fue por tradición, extraordinariamente generoso. Durante los meses previos a la guerra, Riley, un ex sargento instructor de West Point, junto con sus camaradas, representaban el 25 por ciento aproximadamente de irlandeses integrantes de la armada estadounidense. Él y Patrick Dalton de Ballina, nacido en el Condado de Mayo y su segundo comandante, estuvieron destinados bajo las órdenes del General Taylor en Texas. Cuando se percataron de los preparativos para la guerra, Reily decidió seguir el consejo del ex presidente Quincy Adams, que urgía ‘a todos los oficiales a renunciar y a los soldados a desertar’. Fue así como Riley junto con un grupo de sus seguidores decidieron cruzar el Río Grande y alistarse en la Armada Mexicana. Allí se le asignó el trabajo de organizar un destacamento especial de extranjeros, ex soldados del ejército americano. En esos momentos, un cincuenta por ciento del total de los integrantes del ejército estadounidense había nacido fuera de América, y la mayor parte de los que formaron el equipo de Riley eran irlandeses, de ahí el nombre “San Patricio”.

  La unidad de Riley, que se estima reunía alrededor de 500 hombres, se hizo famosa por la osadía que desplegaron sus soldados en varios enfrentamientos con las fuerzas regulares americanas, y en los que sufrió muchas bajas. La última gran resistencia se produjo en Churubusco,32 en las afueras de la ciudad de México. Esta situación era muy familiar para los irlandeses en su patria, razón por la que advirtieron que estaban luchando sin agresividad y a la sombra de un vínculo muy íntimo con los mexicanos. Por consiguiente, antes de ser aplastados, exhibieron un accionar desesperado de coraje, y muchas veces bajaron los trapos blancos que izaban los mexicanos en señal de rendición. Lucharon alrededor de tres horas y recién concluyeron cuando las unidades se quedaron sin municiones. Las dos compañías “San Patricio”, compuesta por alrededor de 102 hombres cada una, habían perdido el 60 por ciento de sus soldados por muerte o captura, y la mayoría de los que escaparon fueron perseguidos y finalmente apresados.

  De los ochenta y cinco soldados detenidos en Churubusco, setenta fueron ejecutados en la horca. La bronca de los americanos hacia quienes consideraban desertores, fue compensada por la admiración que les despertó su patriotismo y coraje. Hubo pedidos públicos de clemencia, razón por las que unos veinte fueron indultados por orden del General Winfield Scott. Este indulto incluyó a John Riley, que no obstante fue sentenciado junto a otros Patricio, que como él se unieron a las fuerzas mexicanas antes del inicio de la guerra, a ser azotados y marcados a fuego en sus caras con la letra “D”, de desertor. Además, y mientras permaneciera el ejército americano en México, tuvieron que usar un collar de ocho libras de peso, con tres aros con puntas. Sus cabezas fueron rapadas y expulsados del ejército. El oficial principal a cargo de la corte marcial también se llamaba Riley, pero se mostró más hostil que amable con su compatriota y tocayo, ordenando que se lo marcara a fuego en ambas mejillas. Sin dudas fue muy difícil para Riley conseguir trabajo después de lo ocurrido, razón por la que se dice que se convirtió en un bandolero.

  Dieciséis de los condenados fueron ahorcados en San Ángel el 10 de septiembre de 1847; cuatro al día siguiente en la villa Mixcoac, y los treinta restantes, dos días después en el mismo lugar. Los últimos ahorcamientos fueron particularmente brutales. El oficial encargado de las ejecuciones decidió que los convictos no debían ser ejecutados sin antes ver flamear la bandera americana sobre el castillo de Chapultepec mientras se libraba la fase final de la batalla De acuerdo al Coronel William Harney, quien aparentemente también era un irlandés, se obligó a los condenados a esperar en el patíbulo con la soga al cuello y bajo el sol ardiente desde el amanecer hasta bien entrada las 9:30 am, momento en que se izó la bandera. Se dice que los prisioneros dieron fuertes vítores mientras se izaba el pabellón y que abruptamente callaron cuando la soga les ajustó el cuello. El método utilizado para ejecutar la sentencia, fue descrita de la siguiente manera:

“...utilizaron sogas gruesas con fuertes nudos ajustados horizontalmente. Los prisioneros fueron alineados bajo cada lazo que colgaba verticalmente de cada nudo y unidos a cada extremo... Finalmente azotaron los caballos del carro y sus cuerpos se balancearon en el aire...”

  La codicia sangrienta de Harney era tal, que incluyó en la ejecución a Francis O’Connor, oriundo de Cork, quien había perdido ambas piernas en la batalla de Churubusco. Harney se percató de su ausencia cuando el sol asomó y se comenzó con el recuento de los prisioneros. Enseguida se fue hasta la tienda donde O’Connor permanecía agonizante y ordenó que lo llevaran al patíbulo para que esperara el fatal izamiento de la bandera, junto al resto de los condenados.

  La estima y admiración que todavía se siente por O’Connor y sus desdichados compañeros, se desprende de las palabras escritas en la placa que se levanta a sus memorias en San Ángel, y que al final dice: ‘¡No fueron desertores! Fueron leales a ellos mismos y a los sueños de libertad que los trajeron a América’. Aparte de conmemorar anualmente la fecha en San Ángel, en las últimas décadas, el interés por conocer a los soldados que integraron el batallón “San Patricio” ha crecido más allá de las fronteras americanas. Una obra teatral escrita por el dramaturgo y director Chris Mathews -que recibió críticas muy favorables- fue inaugurada en 1989 en el escenario del Celtic Arts Center en Hollywood, Los Ángeles, y también ha sido filmada. Muchos otros irlandeses como los soldados del “San Patricio”, están siendo actualmente vindicados desde sus tumbas.

  La Iglesia Católica ha creado un lazo muy fuerte con México, lo que motivó muchas discusiones. Se trata de la presencia en Irlanda de los Legionarios de Cristo, una velada orden elitista de la religión católica, en la que milita mayoritariamente gente muy adinerada y con una considerable influencia en los centros de poder en México. Vicente Fox, que fue electo presidente en 2000 y es descendiente de irlandeses, ha enviado a cuatro de sus hijos a estudiar con los legionarios en Irlanda.

  La filosofía de la Legión, es la de cristianizar a los ricos y hacer que se desenvuelvan en su vida de acuerdo a las leyes de Dios, lo que incluye que se comporten caritativamente con los pobres. De alguna manera esta noción se ha vuelto tan atractiva para los patrocinadores prósperos del movimiento, que el estilo de juntar dinero y contar con fondos disponibles, fue autorizada por la legión. Como por ejemplo, para la compra de 264 acres de tierra en Mount Pleasant, Nueva York, en 1997, por una suma de alrededor de 40 millones de dólares. La legión fue fundada en México en 1941 por el Padre Marcial Maciel Degollado, un amigo personal del Papa Juan Pablo II, y sus militantes que ingresan voluntariamente, están obligados a hacer votos juramentados de no hablar jamás mal de la Legión, ni de sus fundadores o de sus superiores, y están obligados a denunciar a quien quebrantare esta norma.

  La legión es propietaria de un gran inmueble ubicado en el opulento distrito de Foxrock en Dublín. Cuando vendieron 20 acres 33 de esa propiedad en mayo de 1998, la entidad se benefició con la friolera suma de aproximadamente 25 millones de libras irlandesas. La vida ordinaria de sus adeptos, además de otras actividades, incluye la autoflagelación y el ayuno extremo. La correspondencia de los seminaristas aparentemente es controlada, y ante cualquier indicio negativo que se exprese en ella, debe ser retenida para su reescritura. No se permite escuchar la radio ni ver la televisión. Tampoco resulta una sorpresa que en Irlanda las vocaciones de este grupo estén decayendo. Si bien su estado económico actual es deficitario, aparentemente está recuperando sus finanzas con ingresos frescos provenientes de los países del Tercer Mundo, especialmente donde hay gobiernos militares que respaldan su actividad.

EL VINO BLANCO DEL SEÑOR CONCANNON

  Otro hombre originario de Galway que llegó a México algunas décadas posteriores a John Riley, no pagó el derecho de piso que debió costear el desafortunado líder del escuadrón “San Patricio”. Se trata de James Concannon, nacido en Inis Maan, la isla central de las tres que componen las Aran Islands y que están en el lecho de la desembocadura de la Bahía de Galway. Concannon tenía 18 años cuando abandonó Irlanda en 1865. No hablaba inglés, pero provenía de un clan talentoso. Probablemente haya sido de aquellos a quienes alguna vez le dieron a elegir: ‘Connacht o el infierno’34. Aunque los Concannon perdieron todas sus tierras, evidentemente se aferraron a su inteligencia. Thomas Concannon, hermano de James, tuvo gran participación en el proyecto de resurgimiento del idioma irlandés en Irlanda, mediante la fundación de la “Liga Gaélica”, siendo los Concannon hasta hoy, muy conocidos en la isla por su loable tarea en formar educadores, religiosos, artesanos y trabajadores de inusual habilidad.

  Al momento de escribir este libro, debo decir que Rory Concannon es famoso por su destreza pesquera y goza de un gran prestigio como constructor de viviendas en Inis Maan. Aunque todos sus hijos emigraron a América, él junto a su esposa Mairin eligieron quedarse en la isla antes de acceder a las exigencias de sus hermanos para que se uniera a ellos en el negocio de la construcción en América, en donde seguramente hubiera hecho fortuna. 

  James Concannon, como he dicho, emigró a América y ganó mucho dinero, pero no a través de la construcción. Trabajó por un tiempo en Boston para la Singer Sewing Corporation 35 y posteriormente devino en administrador de hoteles y hasta un hábil vendedor de libros. Su actividad comercial lo llevó a México donde se ganó la estima del Presidente Díaz quien le otorgó la concesión de la limpieza de las calles de la ciudad de México. Posteriormente, en el año 1883 le vendió la empresa a un consorcio alemán y se fue a vivir a San Francisco.

  De acuerdo a la historia familiar, James tuvo la intención de invertir en el negocio de la construcción. Pero más allá de sus ambiciones, era un devoto católico y rezaba diariamente el rosario en familia y en idioma irlandés. Un día lo invitó a cenar su amigo personal, el arzobispo Joseph Alemany. En la ocasión, el prelado le delineó el programa que tenía la iglesia para una mega construcción de viviendas, incluidas iglesias, escuelas y hospitales para hacer frente a la gran afluencia de inmigrantes pertenecientes a la iglesia católica que por ese entonces estaba colmando la ciudad. Se dice que al mover una pieza de la maqueta arquitectónica diseñada por el arzobispo, Concannon, sin querer, golpeó una copa de vino tinto y manchó el mantel de fino lino blanco.

  El arzobispo en una humorada, comentó que la verdadera fortuna estaba esperando al hombre que elaboraría vino blanco, lo que libraría a las monjas, no sólo de desmanchar los manteles, sino también las camisas, y ornamentos del altar. También se decía que el chiste original del arzobispo encendió la chispa que habría impulsado a Concannon a buscar fortuna en la ciudad de México, antes que en las ciudades de Estados Unidos como lo habían hecho sus compatriotas. Lo que sí es seguro, es que comenzó estudiando vitivinicultura en la Universidad de California en Berkeley e hizo un recorrido por viñedos franceses. Se sintió muy complacido cuando descubrió que con un clima apropiado, era posible lograr buenos viñedos y abundantes cosechas. Y ese clima es el que existe en el norte de California, particularmente en el distrito de Livermore, donde James fundó su bodega. Un vitivinicultor francés, a quien convenció a que se mudara a Livermore, lo ayudó en la elaboración de los afamados vinos blancos Concannon.

  Una vez más Concannon pudo confirmar que su amistad con el arzobispo Alemany le había resultado sumamente provechosa. Lo comprobó cuando el religioso le dio una franquicia similar a la que le había hecho unos años antes el Presidente Díaz, aunque esta vez era para proveer vino blanco a la arquidiócesis de San Francisco. Este contrato fue el que le permitió a Concannon sobrevivir a la Ley Seca, cuyo efecto había fundido a tantos bodegueros. Los descendientes de Concannon vendieron la bodega en 1980, pero la calidad de los vinos permaneció en el tiempo, de manera que cuatro años más tarde -justamente a más de cien años de la accidentada cena de James con el arzobispo Alemany- el presidente de los Estados Unidos Ronald Reagan visitó Irlanda y brindó por el Presidente Patrick Hillery, con vino blanco Concannon.

UN COMPROMISO DE ANTIGUA DATA

  El compromiso de Pat por la causa de los oprimidos (y en general de todos los irlandeses que llegaron a estas tierras) es de antigua data. Entre las fuerzas británicas que invadieron la Argentina en 1806, comandadas por el anglo-irlandés General Beresford, había una gran cantidad de irlandeses. Éstos eran reclutados para formar grupos de choque armados51 o directamente sentenciados por la corte a prestar servicio en cualquiera de las fuerzas armadas inglesas. De manera que muchos de ellos, que estaban confinados en barracas después de que Beresford conquistara Buenos Aires, desertaron y se pasaron a las fuerzas argentinas. En momentos en que éstas se encontraban superadas por el enemigo, un artillero irlandés, Michael Skennon, al mando de un cañón, comenzó a dispararles a los ingleses cuando sus camaradas argentinos entraron en retirada. Consecuentemente fue capturado por los ingleses, maniatado al cañón y transportado a Buenos Aires donde fue fusilado.

  Un año más tarde cuando llegaron los “Connaught Rangers” 52 (‘los señores del diablo’ ó ‘los amos del diablo’) era tan grande la desconfianza que le tenían los ingleses, que ni siquiera les dieron el pedernal para sus mosquetes. A raíz de ello, miles de soldados totalmente desarmados, fueron masacrados en la batalla. Los irlandeses que estaban bajo las órdenes de Beresford, cayeron prisioneros de los argentinos y lucharon junto a éstos por la independencia de este país. Con esta actitud se ganaron la confianza y el reconocimiento de los argentinos. Dos nombres irlandeses sobresalen en esta guerra: Guillermo Brown, el fundador de la Armada Naval Argentina y Juan Thomond O’Brien, el militar más sobresaliente de las nacientes fuerzas armadas argentinas.

  Guillermo Brown nació en Foxford, Condado de Mayo, y por aquellos tiempos de la revolución de 1810, era un experimentado capitán de la marina mercante. Durante el bloqueo del Río de la Plata su barco fue capturado por los españoles. Con gran habilidad logró zafar y capturar a uno de los navíos hispanos al que condujo hasta las costas argentinas. En esa oportunidad le ofrecieron a Guillermo Brown el comando de la infantería de marina. Entre el éxito y algunos fracasos en los que se vio involucrado, hay un acontecimiento con gran sabor irlandés que tuvo lugar el 11 de marzo de 1814 cuando comandó un ataque a la flota naval española en el Río de la Plata. El Capitán Jacinto Romarate, al comando de la flota ibérica contraatacó con la ayuda de una batería de cañones pertrechada en las costas de la Isla Martín García, que dominaba ampliamente la desembocadura del Río de la Plata. Con su buque insignia dañado, Brown regresó y se quedó varado en las costas Argentinas. Según se desprende de los hechos narrados, a los rebeldes les resultaba muy difícil reponerse de las heridas recibidas y Romarate no hizo mayores esfuerzos para aprovechar la ventaja en la que se encontraba, Esta circunstancia fue aprovechado por Brown, que por la noche mientras los españoles dormían, enfiló hacia el enemigo con toda la flota bajo su mando y arengó a sus hombres a entrar en combate. Así fue como Brown logró mantener una estricta disciplina que ejerció en la Fuerza Naval Argentina, con su liderazgo y ejemplo permanente. Abolió el empleo de los azotes para mantener la disciplina, treinta años antes que lo hicieran los ingleses, gracias a la lucha que emprendió otro destacado nacionalista irlandés: Charles Stewart Parnell.

  El 15 de marzo, dos días antes del día de San Patricio, Brown se propuso levantar la moral de sus hombres y logró emprender una nueva embestida contra las fuerzas invasoras. Esa mañana amaneció con mucha niebla, y tal como lo esperaba, los españoles se empeñaron en hacer fuego contra sus naves que en apariencia estaban dañadas, mientras Brown y sus marinos rodearon la Isla Martín García y con pequeños botes remaron hasta la isla. Con sigilo, desembarcaron en la retaguardia y tomaron por asalto las baterías de cañones allí emplazadas. Al frente de su tropa, Brown entró en combate y ordenó a sus gaiteros que ejecutaran “Saint Patrick’s Day in the Morning” (“El día de San Patricio por la mañana”), que hasta el día de hoy es el himno oficial de la Marina Argentina.

  Thomond O’Brien, cuyas cualidades fueron reconocidas por San Martín, nació en Wiclow -Irlanda- y arribó a estas tierras en 1814. El general José de San Martín fue el gran libertador de la Argentina y lo nombró a O’Brien su ayudante de campo, permaneciendo al lado del General durante toda su campaña libertadora iniciada en la Argentina y extendida por Chile y Perú. Tanto O’Brien como Brown se mantuvieron permanentemente ligados a los intereses de Irlanda y formaron equipos de ayuda para la campaña emancipadora católica irlandesa emprendida por Daniel O’Connell. O’Brien volvió a Irlanda en 1827 con la esperanza de traer emigrantes irlandeses para la Argentina, en el marco de un acuerdo con el entonces presidente Bernardino Rivadavia. En la ocasión accedió y logró que emigraran 200 irlandeses para trabajar en la cría de ovejas en las zonas pampeanas de Buenos Aries. Los esfuerzos de O’Brien apuntaban a contrarrestar el fraude del que fueron víctimas muchos irlandeses por parte del Gobierno Brasileño, quien había prometido a un grupo de agricultores y soldados proveerles dinero, raciones y, después de cinco años, cincuenta acres53 de tierra en compensación por sus servicios militares54prestados. Cuando los irlandeses protestaron por el incumplimiento de lo prometido por el gobierno Brasileño, fueron encarcelados. Liberados en el año 1830, unos tres mil irlandeses se dirigieron a la Argentina.

  El mayor furor inmigratorio lo fomentaron tres prósperos comerciantes que hicieron fortuna con sus negocios en la Argentina, ellos eran: William Mooney, Patrick Bookey y Patrick Brown. Mooney y Bookey provenían de Westmeath y Brown de Wexford. A poco de andar, Thomond O’Brien comprobó que sus esfuerzos valían la pena gracias a las buenas referencias que tenían los inmigrantes irlandeses que llegaban a Buenos Aires. Hasta el día de hoy los descendientes de aquellos inmigrantes provenientes de Wexford y Longford/Westmeath, con la pronunciación coloquial del inglés de esos condados, todavía se conservan intactos. Uno se puede encontrar con personas que tranquilamente se parecerían a un típico granjero irlandés y que puede llamarse Guillermo Power, Salvatore Rossiter o algo parecido, y si tiene el hábito de hablar en inglés, fácilmente uno se puede perdonar por creer que está escuchando al principal actor de “Glenroe”, una de las series más populares de la vida rural en Irlanda, que trasmite la Radio y Televisión Telefis Eireann’s.

EL NEGOCIO LANAR

 Transcurría el siglo diecinueve y la hambruna se desató en Irlanda, lo que provocó que más y más inmigrantes siguieran los pasos de Thomond O’Brien, Bookey y Cía. Alrededor de 1895, en ocasión de realizarse el censo en el centenario de la República Argentina, los irlandeses ascendían a 18.617 entre un total de alrededor de cuatro millones de habitantes. Por aquél entonces el gobierno argentino promovía la inmigración y entusiasmaba especialmente a los irlandeses a que se instalaran en el país, dándoles una cordial bienvenida por su condición de católicos y honestos trabajadores, ofreciéndoles vastas extensiones de las tierras pampeanas, ‘the camp’ (‘el campo’) como se las conoce hasta la actualidad. Por encima de este crecimiento masivo de la cría de ovejas, se produjo una excelente oportunidad para beneficiarse de la tierra. Un irlandés llamado Peter Sheridan fue uno de los criadores de raza ovina merino que más progresó en el año 1824.

 Es oportuno remarcar que resulta irónico que a raíz de las penosas dificultades que afrontaron los granjeros irlandeses y que los obligaron a desprenderse de su tierra natal, hayan prosperado tan fuertemente en la Argentina. Entre 1822 y 1837, la producción lanar tuvo una fuerte subida en toda Europa originada por la Revolución Industrial que requería de sus derivados. Buenos Aires exportó 33,417 arrobas (una arroba son alrededor de 25 libras)55 de lana en 1822. En 1837 las estadísticas registraban 164,706 arrobas a un precio que había trepado de 1 dólar a 2 dólares cada una. Por 1893, se calcula que 261 millones de libras de lana de oveja fueron exportadas anualmente y la cantidad de cabezas en pie estaba estimada en 69 millones56. Los irlandeses estaban en el corazón de esta expansión, tal como lo señala este artículo:

El último sábado se vendió en remate... alrededor de ¾ de leguas cuadradas de campo en la suma de $ 1.010.000... El precio más elevado que se haya registrado en este país. Resulta innecesario acotar que el comprador es un irlandés. ¿Quién puede pagar $ 1.010.000 por ¾ de una legua excepto un irlandés? Eso demuestra que tan solo ese hombre pudo pagar un precio, que ningún otro puede hacerlo; de ahí es que se están convirtiendo en los propietarios de las mejores tierras de la provincia. Hay zonas extensas en el norte que pertenecen exclusivamente a irlandeses. A este paso nadie puede competir con ellos. Perseverantes y laboriosos, sus primeras aspiraciones son, la gran pasión que sienten por la cría de ovejas y después poder tener una buena parcela de tierra para alimentarlas. Gracias a esto los irlandeses de diez años atrás han estado creando una gran revolución en este país. En medio de las guerras y a pesar de las turbulencias sociales y políticas, las sequías y la depreciación de la producción, ellos han mantenido el valor de la tierra y gradualmente han elevado el optimismo a los niveles jamás imaginados... Esperamos que sigan comprando tierras por un millón57

  Los granjeros irlandeses eran responsables, al menos en gran parte, de la exportación de lana Argentina en la década de 1870. Alrededor de 1890 unas trescientas familias irlandesas (de las 3.000) eran dueñas de 1.580.335 acres58 solamente en la Provincia de Buenos Aires. “The Standard” el diario que se editaba en inglés, estimó con bastante certeza el día de San Patricio de 1888, que los irlandeses eran dueños de alrededor de 20 millones de cabezas ovinas de las que se podían obtener un dividendo de aproximadamente 1.3 millones de libras al año. Generalmente estos campos no excedían los 6.000 acres, que podían alimentar a unas 10.000 ovejas y a una familia con todo confort. Pero en el día de San Patricio del año 1877 el periódico publicó un artículo que daba cuenta de la compra de una estancia por parte de un irlandés, en la suma de 2,5 millón de libras esterlinas.

  Los dueños de estas grandes extensiones llegaron a la Argentina con menos de un penique59. Entre estos hombres estaba Michael ‘Big Mickey’ Murray, que llegó a Chascomús en 1835 con un poquito más que su ropa puesta. Murió en 1868 siendo dueño de dos estancias de una legua cuadrada cada unas (tres millas) y un total de 30,000 ovejas, 500 vacas y 150 caballos. El paso del tiempo no perjudicó su bienestar. Los irlandeses formaron parte de un gran segmento de la sociedad Argentina. Actualmente se afirma que la familia Duggan era una de las más ricas del país. Una integrante de esa familia, me contó que su bisabuelo ‘Donó más dinero que ningún otro en el mundo a la IRB60. No le vendía ni leche ni carne a los ingleses y era dueño de más tierra que toda Irlanda junta’ ¡Y le creo!

  Sin embargo se habla mucho de la ruina en la que cayeron muchas de estas familias. Algunas por ineptitud, otras por su adicción al alcohol y unas cuantas por tener amantes ligeras. Pero también es cierto que hubo una tendencia autócrata en los mayores, que regateaban cederle lugar a sus descendientes, a quienes tampoco instruyeron debidamente en el manejo de sus negocios. Como resultado: Cuando los jóvenes se hicieron cargo de la administración de los bienes familiares, se encontraron con un mundo totalmente distinto al de sus mayores y cayeron en la cuenta que se había perdido tiempo y energía, y que sus iniciativas resultaban desastrosas para la economía.

  Pero, a pesar de ello, los irlandeses ayudaron a transformar la región en una de las principales productoras de alimentos en el mundo61. Hilda Sábato y J.C. Korol hacen hincapié en ciertos métodos que usaron, aparte del trabajo que demandó la preparación del terreno62. La evolución de la raza ovina Rambouillet, cuya producción tanto de carne como de lana, llegó a tener muy alta calidad y ayudó a amortiguar los vaivenes del mercado, lo que incentivó a los irlandeses a mejorar y ampliar sus negocios a través de medidas de avanzada. Dividieron sus tierras en lotes alambrados, canalizaron aguadas y fertilizaron los campos para la siembra, además de aportar a la Iglesia fuertes sumas de dinero destinado a la construcción de escuelas y a la educación de sus hijos. Otros se dieron el lujo de comprar casas de gran confort en la ciudad. Michael Ballesty, un irlandés, introdujo la primera cortitrilla a vapor en 185963 Los irlandeses tuvieron la iniciativa de construir las vías férreas y en algunos casos, en las estancias de grandes extensiones, habilitaron estaciones en sus propios campos. De manera que no es sorpresa encontrar nombres irlandeses entre los grandes terratenientes de la aristocracia Argentina.

ENTRE LA SOLEDAD Y LA HOSTILIDAD

 Los irlandeses tuvieron más estimulo que la mayoría de los inmigrantes para soportar las presiones que tuvieron cuando fueron a vivir a las pampas. Es que era preferible vivir en esas condiciones que bajo el nivel del hambre en Irlanda. La principal atractivo que se les presentó fue el sistema del beneficio “por mitades” que obtuvieron de sus contratantes. El propietario de las tierras le daba al arrendatario una majada, digamos de 2.000 ovejas, que se duplicaba en un término de tres a cuatro años. Cuando se vendían, al arrendatario le correspondía la mitad del beneficio obtenido y generalmente lo invertía en comprar más ovejas, en adquirir campo o ambas cosas. A fines del siglo dieciocho, como la demanda de tierras aumentaba entre los irlandeses y otras corrientes migratorias, particularmente los italianos, el sistema “por mitades” fue modificado: las utilidades bajaron entre una tercera o cuarta parte, o bien se convirtieron en un simple salario. De manera que una de las formas más lucrativas era incrementar los rediles.

 Además de la soledad y las muchas dificultades que originaba la vida en las pampas, los irlandeses tuvieron que enfrentarse con la hostilidad de los indígenas que, como sus coterráneos del norte de América, se oponían a que les fueran arrebatadas sus tierras. Los bandidos fueron también una permanente amenaza, especialmente contra los irlandeses que se habían ganado la fama de tener mucho dinero. Muchos terratenientes irlandeses fueron asaltados y hubo mucha gente asesinada antes que las fuerzas armadas gubernamentales pudieran trasladarse por ferrocarril, y de esa manera impedir que los malhechores se desplazaran con mayor rapidez.

 El accionar más drástico que encaró el gobierno fue con los indígenas, contra quienes se montaron una serie de guerras de exterminio. La última fue en el año 1877. El carácter de estas guerras de liquidación puede ser catalogado como uno de los primeros experimentos en la guerra bacteriológica. Los argentinos tomaron la primera práctica experimentada por los británicos en las guerras coloniales americanas, con la que decidieron deshacerse de los indígenas y gran cantidad de gente de color que integraba sus tropas. A los desafortunados negros les entregaban mantas infestadas con virus de la viruela. De ese modo los atacantes y atacados se contagiaban y morían a causa de las infecciones.

DISMINUYE LA INMIGRACIÓN

 La inmigración irlandesa en gran escala terminó alrededor del año 1890. Esto se debió en parte a la atracción de los Estados Unidos y porque el desarrollo logrado en las pampas, además de la competencia originada con otros grupos étnicos, redujeron para los irlandeses sus oportunidades de progreso. Pero también influyó, el rechazo de los irlandeses por emigrar a la Argentina, especialmente cuando intereses económico muy fuertes promovían negocios más lucrativos en los Estados Unidos. A esto se agregaba el inconveniente de un viaje más largo y costoso al Río de la Plata que demandaba unos 60 días en barcos a vela y unos 30 días en barcos a vapor, lo que resultaba dos veces más largo y dos y medio más caro que el viaje a Norte América.64

 El caso Dresden tuvo sus efectos particularmente negativos para la buena imagen de la Argentina como destino emigratorio. Este caso se originó en una decisión tomada por el entonces Presidente Julio Argentino Roca en 1881, de comisionar al Dean Patrick Dillon para que fuera a Irlanda a conseguir emigrantes para la Argentina. Dillon se encontró con la negativa de los agentes navieros, pero igualmente entusiasmó a la gente para que viniesen a radicarse en el Río de la Plata. Como resultado de ello, funcionarios de emigración abrieron oficinas en las ciudades de Dublín y Corck y ofrecían pasajes pagos por adelantado. De esta manera logró que el barco “City of Dresden” partiera desde Cork en enero de 1889 con 1800 pasajeros a bordo; 1.100 eran irlandeses. El 17 de febrero el barco llegó a Buenos Aires y los pasajeros se encontraron con que no se habían tomado las previsiones necesarias para su arribo. Esta situación terminó en una gran protesta pública, que duró meses y cobró algunas vidas, antes que los pasajeros del Dresden fueran instalados definitivamente. A raíz de este fracaso, se le solicitó al Arzobispo de Dublín que hiciera lo que estuviera a su alcance para restringir futuras emigraciones de su arquidiócesis y se le advirtió a la oficina de Corck sobre las consecuencias derivadas de la distribución de pasajes pre pagos.

EL BUEN PADRE FAHEY

 El sabor de la vida pampeana ha sido descrito posteriormente con gran colorido, de alguna manera como si todo fuese color de rosa, según la prosa del periodista argentino-irlandés William Bulfin. Su hijo Eamon fue partícipe del levantamiento de 1916, y su hija Kit contrajo matrimonio con Sean MacBride, el Premio Novel de la Paz, cuyo padre, John MacBride, fue fusilado por su participación en la revuelta.

 William Bulfin escribió:

“Que Dios esté como en los viejos tiempos cuando los muchachos, habiéndose establecido felizmente en el campo, llegaban a Buenos Aires en busca de esposas. Aquí siempre estaba el amigo que necesitaban: el bueno del padre Fahey. Él conocía a todas las chicas de la ciudad que estaban en condiciones de casarse, sabía cuándo habían llegado y de dónde provenían, sabía del muchacho adecuado que les convenía a cada una y que sería el esposo ideal para ellas. De manera que las parejas se armaban tanto en el cielo como en la tierra.

Que Dios esté en el difícil y fatigoso viaje de luna de miel que comenzaba a la mañana siguiente de la boda, cuando la joven pareja emprendía el largo trayecto hacia su casa en el campo. La pareja nupcial lo hacía en un enorme carro cubierto que era tirado por seis bueyes, con ejes de madera que parecían silbar la marcha nupcial. Un joven vasco de tez morena, provisto de una pica de alrededor de doce pies (una caña que servía de rienda y látigo) estaba encargado del espectáculo que ofrecía esa solemne procesión que cruzaba a través de la solitaria pampa a razón de doce millas por día, cuando el tiempo acompañaba. En el carro, además de la pareja, se llevaban los artículos domésticos necesarios y algunos muebles para la nueva ama de casa y una buena cantidad de enseres como tijeras, botas largas, cañerías de arcilla, tabaco, algunas botellas de agua fuerte y muchos otros elementos que serían muy largos de enumerar. El trayecto hasta su destino demandaba entre dos, tres y hasta cinco semanas según las distancias y el estado del tiempo. La heroína y el héroe vivieron felices por siempre65

  El “buen padre Fahey” al que se refiere Bulffin, fue el único que tuvo una influencia preponderante y decisiva en la vida de toda la comunidad irlandesa en la Argentina. Anthony D. Fahey (él prefería que su nombre se escribiera con una E, aunque en la posteridad la mayoría de los escritores lo hicieron sin ella) era un sacerdote irlandés perteneciente a la Orden de los Dominicos, tenía 39 años en 1843, cuando fue enviado por sus superiores a Buenos Aires como capellán de los irlandeses. Rápidamente se convirtió no sólo en un pastor espiritual, sino en un hábil consejero social. A través de una gran amistad que entabló con el banquero protestante Thomas Armstrong, obtuvo préstamos importantes para los irlandeses y desarrolló un sistema de información que detectaba los movimientos de los mercados propicios para la venta de granos y la compra de equipamientos e insumos. También adquirió una gran notoriedad como intermediario en el armado de parejas para casarse. Por aquellos años, era habitual que los hombres vinieran del campo a Buenos Aires dos veces al año para vender sus producciones de lana. Fahey autorizaba a los muchachos a que se embriagaran durante dos días y luego organizaba una reunión social con bailes y cantos, donde aprovechaba la oportunidad para presentarlos a las chicas en edad de casarse. Salvo algún imprevisto contratiempo, al día siguiente se formalizaban los casamientos.

 El padre Fahey tuvo, como dije, mucha influencia en la formación del carácter de los irlandeses, a quienes urgía mantenerse lejos de las ciudades y forjaran su futuro en las pampas. ¡Bob Santamaría lo hubiera aprobado!66 Fahey incluso los entusiasmó para que se mantuvieran trabajando en el campo, particularmente dedicados a la cría de ovejas, que era lo que realmente sabían hacer, en vez del cultivo de cereales. Fahey fue el gran artífice de la prosperidad de muchos irlandeses y al revés de lo sucedido en otras partes del mundo, no permitió la formación de ghettos.

 Sin embargo sí se crearon ghettos en sus mentes, y la influencia de Fahey en sentar la presencia irlandesa en las pampas, tal vez haya reforzado un proceso cultural y una letargo política-social que afectó notablemente a los irlandeses, aún mucho tiempo después de su muerte. Aunque residían en la inmensidad de las pampas, sus mentes se desarrollaron como en un ghetto. Tendían a evitar que sus hijos aprendieran el castellano, procurando mantener su identidad irlandesa, como si jamás hubieran salido de Irlanda. Mantuvieron contacto con Irlanda, fundando sociedades irlandesas y contrayendo matrimonio entre miembros de la comunidad. Fahey intentó entusiasmar el aprendizaje del castellano, especialmente a los jóvenes sacerdotes que él mismo ayudó a traer a la Argentina. Hizo arreglos bajo su responsabilidad y costas para que los sacerdotes destinados a Buenos Aires fueran entrenados en el All Hallows de Dublín, para que de esa manera, en la década de los años 1860, una docena de sacerdotes se abrieran camino en las pampas y desarrollaran su misión pastoral. Una de sus obras, el Instituto Fahey de Buenos Aries, todavía se encuentra en plena actividad. Este es un colegio para varones que (no obstante la existencia de un estricto régimen interno) posibilitó a muchos chicos una formación socio cultural que no hubieran podido lograr por otro medio. Actualmente desarrolla su actividad educativa abierta a chicas y chicos de todas las comunidades. Fahey también construyó hospitales. Fue él quien trajo a la Argentina a las monjas de la orden Sisters of Mercy de Irlanda para que se hicieran cargo del hospital y de los huérfanos.

 Fahey era un viajero permanente. Aún a edad avanzada se las arreglaba para visitar a los feligreses más alejados; hacía hasta 60 millas por día a caballo, y a veces dormía a la intemperie al mejor estilo gauchesco. Las primeras viviendas de los asentamientos irlandeses que Fahey visitaba, fueron descriptas por Bulffin de la siguiente manera:

“El techo de juncos o de mimbres... la puerta hecha con madera fuerte que es barrera de contención (contra los indios y otros malhechores) Un agujero en el techo hace de chimenea y varios agujeros en las paredes sirven para ventilar... una barra de hierro a 6 pies67 desde el suelo (sostiene) trozos de carne de cordero para la manutención familiar que incluye un intruso con sus hombres y sus perros... el piso es de tierra... aquí y allá una pulga y un chasquido sonoro de una palmada crea un ambiente hogareño. De vez en cuando ingresa una víbora...

(La vivienda consiste en) una habitación de no menos que 12 x 8 pies68 La cama está en un rincón, tiene el elástico hecho con cuero duro de caballo en lugar de lona, algunos cueros de cordero como colchón, un poncho en lugar de sábanas y cubre cama... de la pared cuelgan una pava, una olla, una sartén, un jarro para beber, un candelero y algunos arneses... una caja con el fondo hacia arriba sirve de mesa. Debajo de ella se guarda el té, el azúcar, el arroz y otras provisiones. Cuando ingresan las hormigas, la caja es rodeada por una pequeña canaleta de cuatro pulgadas69 de profundidad que se llena con agua... un viejo baúl en el otro rincón tiene la ropa del intruso y otros trastos, no hay sillas ni bancos. Los únicos asientos son dos o tres cabezas de vacas...”

 Después de un tiempo, el Padre Fahey se hizo casi ‘indispensable para los hombres de campo’70, pero el momento cumbre de su vida llegó cuando se desató una gran epidemia que sacudió a Buenos Aires en los años 1867 y 1871. Fahey sobrevivió a la primera epidemia del cólera y atendió a los enfermos y sepultó a los muertos, no importándole su nacionalidad y haciendo colectas para los afectados. No obstante, la fiebre amarilla que sobrevino en 1877 se llevó al infatigable sacerdote juntamente con unos 180,000 a 200,000 víctimas más. La biografía del Padre Fahey subraya con justicia que, “con Fahey, los irlandeses en la Argentina se constituyeron en una importante comunidad organizada y próspera”.71

LA VIDA EN LAS PAMPAS

 Tuve la suerte de hacerme de copias documentadas de unos diarios personales72 preservados por el señor Diego Savage, de los Savage de Luján. La presencia y su voz, tenían un sonido igual al de un granjero contemporáneo de Westmeath, de donde provienen sus ancestros. Los diarios familiares datan de los años 1875 a 1916, y aunque su introducción cuidadosamente escrita contiene apenas una línea por día, reflejan un cuadro de una prosperidad creciente. De acuerdo al número de ovejas y las referencias a los cultivos, se nota claramente que van aumentando con el correr de los años, como también la variedad de los alimentos y frutas consumidas por la estancia. Gran parte de los datos se refieren al estado del tiempo, por ejemplo en un día dice: ‘llovió todo el día’ y en otro: ‘hoy ha sido un día muy ventoso’. Los Savage obviamente eran muy caritativos; había quiénes le pedían dinero en préstamo personales o para la parroquia. La religión era una constante en la vida de los irlandeses y así lo prueban las permanentes referencias que se hacen sobre las celebraciones de Misas en Luján. La combinación que existía entre la religión y el estado del tiempo se resume en el siguiente párrafo: “El tiempo continúa muy seco. El campo está mal. Un gran número de obispos están reunidos en Luján”.

 El detalle de las cosas elementales que se desarrollan en una casa -“el jardín está lleno de yuyos, se compró un par de botas”- indica la naturaleza de la monotonía que encerraba la vida de las familias acomodadas. Estos métodos para combatir el tedio son muy típicos de los irlandeses; hay anotaciones ocasionales tales como “José está desde hace una semana borracho en Luján” o sino: “Hoy pasó Willy Savage y no estaba sobrio” Una alusión sobre los peligros que existían en la zona se encuentran detallados en escritos concisos que dicen:  “Cristóbal Kiernan fue herido mortalmente con un cuchillo por Tom Cod, Rioja” El desafortunado Cristóbal no es el único que está mencionado en el suceso fatal, que además detalla cómo se aplicó la ley mediante la recopilación de datos que determinó una pena de ‘seis años y seis meses por el crimen’ para Cod.

 El cerrado estilo de vida que se vivía en el campo, quedó evidenciado en una anotación del año 1916, donde dice de la asistencia a una misa en la catedral de Luján ‘por el fin de la guerra en Europa’, pero no hace mención de ningún otro acontecimiento que preocupara a los irlandeses en ese período, como pudo haber sido el levantamiento de Pascua de 1916, ocurrido en su propia tierra.

LA MUJER IRLANDESA EN LA ARGENTINA

 El padre Fahey -como se ha dicho- tuvo una fuerte influencia en la comunidad irlandesa, y sentó los principios de rendirle a Dios lo que es de Dios, y al César lo que es del César mediante el pago de sus tributos. De esta manera se mantenían al margen de los asuntos temporales. Económicamente los irlandeses progresaban, y estaba en ellos canalizar sus necesidades por sus propios medios, o bien a través de su Iglesia, cooperando con ésta, sin necesidad de confrontar con las estructuras de poder. Fahey fijó las pautas de convivencia en una memorable carta que publicó el ‘Dublín Review’, en la que elogiaba a uno de los más sangrientos dictadores de la historia Argentina, Juan Manuel de Rosas “por sus muchas y finas cualidades”. Vale decir ‘cualidades’ que ignoraban otros principios. Los exagerados elogios de Fahey al dictador, fueron fundamentalmente motivados por el temor de que se volviera en contra los irlandeses, con la misma furia que había encarado el trágico suceso que terminó con el fusilamiento de Camila O’Gorman73.

 Por añadidura, en el caso de Camila, a los feroces ataques del estado se le sumó la presión de la propia familia de Camila y de la Iglesia, formando así una triple condenación. Camila había nacido en 1828 en una de las familias irlandesas más distinguidas de la época. Su abuelo, Miguel O’Gorman, fue un médico prominente que adquirió fama por haber reorganizado las cátedras de enseñanza médica y la construcción de hospitales. Su sobrino Thomas era un próspero comerciante que había sido espía para la corona británica y merced a su información, pudo concretarse la invasión de 1806 comandada por el General Beresford. Los dos hermanos de Camila también se destacaron en el ámbito de la sociedad porteña. Uno de ellos fue sacerdote y el otro un jefe policial. Camila era muy amiga de Manuelita Rosas, la hija del dictador, y concurría habitualmente a la mansión de los Rosas.

 Sin embargo, a pesar del ambiente de rigor en el que se desenvolvían las familias de entonces, Camila y el hijo de otra distinguida familia Argentina, Wadislao Gutiérrez, se enamoraron. Wadislao era muy amigo del hermano de Camila, y como él, también era sacerdote. La pareja, para el horror de la alta sociedad porteña, se fugó. El padre de Camila, Adolfo O’Gorman, en una carta que le envió a Rosas describió la fuga como ‘el acto más atroz jamás registrado en este país’ 74 Temiendo que la rebeldía de los jóvenes se convirtiera en un símbolo contrario a las costumbres de la época y que pudiera desencadenar en una ola de oposición a su régimen, Rosas publicó una orden de arresto contra los fugitivos para ‘satisfacer a la religión y a la ley, y para prevenir futuros casos de inmoralidad y desorden’ 75

 Durante algunos meses la pareja eludió el acoso del tirano, navegando por ríos durante la noche, evitando todo contacto con la gente y durmiendo a la intemperie. Se dirigieron a Goya en la Provincia de Corrientes, donde iniciaron una escuela con buenos resultados que los hicieron populares, pero que marcaron el inicio de su desventura. En una celebración en honor a la pareja, Camila fue reconocida por unos familiares, un tal Padre Gannon. El sacerdote los delató, luego fueron detenidos y condenados a muerte. Entre los que participaron de la sentencia estaban el padre de Camila y el reconocido jurista Dalmacio Velez Sarsfield 76, pariente del héroe irlandés Patrick Sarsfield, el defensor del sitio a Limerick (en cuyo recuerdo se nomina un equipo de fútbol Argentino) En la mañana del 18 de agosto de 1848, Camila y Wadislao fueron ejecutados por un pelotón de fusilamiento. Camila llevaba en ese momento nueve meses de embarazo.

 La tragedia de Camila tuvo el mérito de ser la única que se tenga memoria. Otras mujeres irlandesas figuran en la historia Argentina, pero por motivos más felices. Cecilia Griason fue la primera doctora latinoamericana en 1889 y pionera en enseñar el sistema Braile a los ciegos. También fundó la primera escuela de enfermeras en Sudamérica. En la Plaza San Martín, una de las principales de Buenos Aires, se puede observar una notable obra arquitectónica, el Edificio Kavanagh77, un símbolo referencial de la ciudad. Fue construido por una mujer descendiente de irlandeses en los años 1930 y es uno de los edificios antiguos más altos de Buenos Aires. 

 No obstante, la sociedad irlandesa en la Argentina -por lo menos hasta una década o dos antes de escribirse este libro- era dominada por los hombres y el clero. Las evidencias de esta supremacía todavía prevalecen en la actualidad. Tuve oportunidad de conversar con una mujer argentino irlandesa del ambiente cultural de Buenos Aires, que se mostró ansiosa por leer mis libros para interiorizarse sobre el IRA y la situación política. Cuando le di el nombre de mis editores se sorprendió mucho. “¡Pero como, si esos son ingleses!” exclamó “Mi hermano X me dijo que jamás leyera un libro de la historia irlandesa que fuera publicada por los ingleses, porque es pura propaganda...”

LA MASONERÍA

 Para los irlandeses católicos, la Masonería tiene la imagen de un fantasma, no solamente por su protestantismo, sino por su tradicional asociación con los Orange78, particularmente por su accionar en Irlanda del Norte y su asociación en ambos, la Royal Ulster Constabulary79 y la fuerza policial británica. No obstante, en la Argentina la Masonería tiene una historia más honorable, a pesar de haber sido introducido al país por Beresford con el propósito ampliar la influencia británica. Jugó un rol muy importante en la liberación de las naciones en la región. José de San Martín, el libertador de la Argentina, era masón, como también lo fueron muchos otros líderes latinoamericanos, incluidos Guillermo Brown y Simón Bolívar. El secreto de las células Masónicas, que en parte estaban ligadas por las mismas razones que la Hermandad Republicana Irlandesa, era para protegerse de los espías, por eso los masones jugaron un rol muy importante en la reforma social del siglo dieciocho. En la actualidad, los diarios de Buenos Aires anuncian en sus ediciones los eventos que se llevan a cabo en los centros masónicos. Por otro lado, algunos piensan que los colores celeste y blanco de la bandera Argentina, fueron inspirados en el manto de la Virgen María, mientras otros opinan que fue de inspiración masónica.

 Tras la muerte del Padre Fahey, el Deán Patrick Dillon ocupó el liderazgo de la comunidad. Este sacerdote actuó activamente en la política, contrariamente a su antecesor, cuya misión era puramente pastoral. Dillon fue uno de los inspiradores de la fundación del Club Almirante Brown en 1879, que se transformó en un centro de atracción para el interés de los irlandeses. También fundó “The Southern Cross” en 1875, el primer semanario católico. (Había otro diario en circulación, cuyo propietario igualmente era irlandés: “The Standard”, pero estaba dirigido más bien a la comunidad británica) En 1874, mediante una circular informaba sobre el propósito del diario de esta manera:

“…será la voz de un diario irlandés católico en el país, ‘The Southern Cross’, aparecerá el 1° de enero. Espero que el diario se encuentre en cada mesa de cada hogar irlandés e inglés de la Confederación Argentina. Tengo incorporado el amor que ustedes sienten hacia su religión y hacia la tierra de sus padres, y consecuentemente, cuento con vuestro apoyo. El lineamiento del diario será liberal (como el “Freeman” de Dublín). El diario no adherirá a ningún partido en particular en el país. Los eventos de la semana serán comentados y procesados con estricta imparcialidad... Ya he destacado corresponsales en Dublín, Roma y Nueva York”80

 Se puede asumir con seguridad que los gastos de los tres corresponsales no eran motivo de envidia para los otros periodistas de Roma, Dublín y Nueva York.

 Sea como fuere, el diario jugó un rol muy importante en la vida comunitaria de la sociedad Argentino Irlandesa. William Bulfin fue su más destacado director en los comienzos del siglo diecinueve, pero el más corajudo de los periodistas, fue sin dudas el Padre Federico Richards CP, a cuyo cargo estuvo la dirección durante los años 1976-84, en los que desafió abiertamente a sus lectores y a la Iglesia, que a la sazón, eran abiertamente conservadores, a tal punto de convertirse en reaccionarios. Le objetaban la condena que hacía a los abusos de los derechos humanos y haber publicado una entrevista a los partidarios de la teología de la liberación, como Dom Helder Camara81. Aunque el periódico perdió suscriptores, Richards ganó notoriedad, especialmente por la cobertura que hizo del asesinato de los sacerdotes palotinos en Belgrano. Esta postura estaba en total discrepancia con la jerarquía eclesiástica, cuya evidencia quedó al descubierto con el comportamiento del Cardenal Aramburu, cuando presidió la misa de réquiem por los sacerdotes asesinados y ni siquiera predicó, ni se dignó darles sus condolencias a los familiares de las víctimas.

 La dirección editorial del Padre Federico Richards CP, tal vez pueda juzgarse a partir de la decisión tomada por la Congregación Pasionista de vender su participación en el diario a una fundación que ahora lo administra -los Palotinos controlan una tercera parte, la federación de Sociedades Argentino Irlandesas otra tercera parte y la restante está en manos de un grupo de colaboradores: Willy Patrick Ford, Luis María Flynn y John Edmundo Rossiter, todos ellos, como su director el Padre Kevin O’Neill82, fueron muy amables y considerados conmigo al ayudarme a entender a la comunidad irlandesa en la Argentina.

 La oficina del periódico es un ambiente agradable donde se mezcla el pasado con el presente. En las paredes hay fotografías de Edmund Ignacio Rice83 el fundador de la congregación de los Irish Christian Brothers, del patriota Padraig Pearse84, del Almirante Guillermo Brown, del General José de San Martín, de Eamon De Valera85 y de Mary Robinson86, además una cruz de Santa Brígida y el mapa de Irlanda. Apenas entré me vino a la memoria el “Irish Press” 87de los años 1950, y no me sorprendí cuando me dijeron que su lineamiento era ‘fuertemente católico y nacionalista. Todos éramos del IRA y de De Valera, pero ahora ya no.’  No, evidentemente, ahora no. El “Irish Press” que De Valera había fundado en 1931 con el dinero obtenido de los aportes de los emigrantes irlandeses de todo el mundo y destinado al movimiento independentista de Irlanda, debió cerrar porque no hubo una fundación que lo respaldara y dirigiera una vez cumplido con su cometido. Edmundo Rossiter me dijo que su padre fue miembro de la Irish Altar Society 88 cuando el diario cumplió sus cincuenta años, y que él lo seguía siendo cuando el periódico llegó a los cien años, o sea, cincuenta años más tarde. Entonces me invadió la sensación de que el tiempo estaba detenido. No obstante, y a pesar de la imagen de las ‘Round Tower and Shamrock”89, “The Southern Cross”, ha sobrevivido mucho más que el “Irish Press” y parece firme en su propósito de continuar cumpliendo su rol influyente en la comunidad irlandesa.

ENARBOLANDO EL TRÉBOL

 Paralelamente a la iniciativa de Mons. Patrick Dillon de fundar el periódico “The Southern Cross”, hubo otros progresos en la Iglesia. La orden de los Pasionistas llegó a Buenos Aires en 1879, seguido por los Palotinos que lo hicieron en 1885. Como podemos ver, con su ingreso en la editorial del diario, los Pallotinos fueron también partícipes de una historia muy sangrienta, aunque la polémica la iniciaron los Pasionistas. El primer Pasionista fue el Padre Martín Byrne, nacido en Dublín, quien pretendía que la casa en la Argentina fuera exclusivamente irlandesa, a cuya iniciativa la comunidad adhirió gustosa. No obstante, Roma, fiel a su política, veía de reojo la gran masa de emigrantes italianos que llegaba a Buenos Aires y ordenó que éstos también integraran la flamante fundación. Byrne se resistió y fue expulsado en 1884. El conflicto fue superado recién en 1914, pero mientras tanto, el tiempo jugó a favor de los irlandeses y la disputa prevaleció: ‘una marca de las tensiones entre los nacionalistas y elementos pro británicos de la población irlandesa’90

 Muchas de las instituciones educativas y de caridad que nacieron como irlandesas, fueron prosperando y consiguieron medios para el mantenimiento de ambas, tanto las religiosas como las de tradiciones nacionales. Hasta donde les fue posible llegar a través de la inmensidad territorial, hay que reconocer que las Sisters of Mercy impartieron educación a un amplio sector de la comunidad irlandesa, y al igual que los Palotinos, enseñaban solamente en inglés. El castellano era una materia extra y los colegios permanecieron como “de habla inglesa e irlandesa” hasta que Perón los obligó a la integración étnica.

 Las carreras de caballos y la celebración del Día de San Patricio se mantuvieron como una evocación de identidad. William Bulfin introdujo el hurling91 en 1884. Este deporte fue muy popular en la Argentina hasta que estalló la Segunda Guerra Mundial, que dificultó la obtención de los palos que se utilizan en este deporte y que provenían de Irlanda. En Buenos Aires esta identidad se mantuvo viva bajo el signo del trébol, contrariamente a lo que sucedió en América del norte y otras partes del mundo, que simplemente lo pintaron. Los irlandeses fundaron clubes en la provincia de Buenos Aires y abrieron bibliotecas y en general se les reconoce como partícipes de la fundación del Jockey Club de Buenos Aires, que ayudó a la Argentina a ganar posiciones en el mundo del turf como criadores pura sangre. Es así que ciudades y pueblos se expanden por las pampas con nombres irlandeses, tales como: Duggan, Gahan, Gaynor, Kenny y Murphy entre otros.

CERCA DE CASA

 Como los irlandeses mantuvieron un permanente contacto con su tierra, los eventos que se realizaban en Irlanda tenían influencia en la Argentina. Se fundaron asociaciones para la emancipación católica y para el rechazo de su unificación con la Gran Bretaña en los años 1820, siendo sus mentores el Almirante Guillermo Brown y el General Thomond O’Brien. El Padre Fahey organizó una fundación destinada a socorrer a las víctimas de la hambruna, y algunos años más tarde, en 1868, otro sacerdote irlandés, Padre John Leahy, fundó una entidad para ayudar a los Fenianos ‘que estaban prisioneros en cárceles inglesas por luchar por la independencia’92 Aunque los irlandeses en la Argentina jamás experimentaron el antagonismo con el Protestantismo sectario, como sí lo hicieron en los Estados Unidos. La Masonería tenía el efecto perturbador, inspirado desde que se los responsabilizó del incendio de un colegio Jesuita en Buenos Aires en 1879. Por otra parte y debido a que durante las epidemias del cólera y la fiebre amarilla, el convento de las Sisters of Mercy fue excluido de prestar colaboración, se originó una profunda aversión anti católica que influyó en el alejamiento de estas monjas de la Argentina por el término de una década aproximadamente. En 1890 regresaron al país, posiblemente por gestiones de Monseñor Dillon, aunque ellas prefirieron la gestión de Fahey antes que la de Dillon.

 En Irlanda comenzaron a organizarse para defender la pertenencia de las tierras, y se crearon dos organizaciones: la “League Land”93 (defensora de la reforma agraria) y el “Celtic Renaissance” (Renacimiento celta). Los irlandeses en la Argentina también contribuyeron con estos movimientos. Una rama de la “Liga Gaélica” fue establecida en 1899 cuando se organizó la Fundación de Ayuda, con la finalidad de apuntalar económicamente a la “League Land”, contribuyendo con ‘un importante aporte para Irlanda’94 Los lazos entre los argentino irlandeses y sus ancestros durante este período, me han producido -después de cien años- un golpe nostálgico muy fuerte cuando visité la Basílica de Luján. Algo similar me ocurrió cuando estuve en las oficinas del periódico “The Southern Cross”. La construcción neo-Gótica de la basílica, probablemente sea una de las más finas arquitecturas de la Argentina. Sus agujas de 106 metros de altura y las torres elevadas, que impactan abruptamente sobre las pampas, necesitan la descripción de un experto para poder describir todo su esplendor.

 La Virgen de Luján es venerada en toda la Argentina. Al respecto ha habido dos peregrinaciones conjuntas entre la Basílica de Knock en el Condado de Mayo y Luján. Incluso se intercambiaron imágenes entre Luján y Mullingar, en el Condado de Westmeath, de donde provienen la mayoría de los ancestros de la comunidad Argentino Irlandesa. De hecho, el más piadoso dirá que muchos milagros se produjeron durante el intercambio. En momentos en que los peregrinos subían los escalones de la Catedral de Mullingar, la imagen se cayó de la caja de vidrio que llevaban en hombros y pegó contra el piso. Milagrosamente no se rompió. Un participante de la procesión me relató solemnemente: “Luego, mientras caminábamos por una de las naves, alguien resbaló y la imagen volvió a caerse y tampoco se rompió. Fue un milagro” Uno se pregunta si el grupo que llevaba la imagen, de repente fue infectado por alguna epidemia, porque mientras subían al altar ¡la Virgen se cayó por tercera vez! Y nuevamente, la estatua no se rompió. “Debió ser un milagro” me dijo fervoroso el devoto. Yo no hice comentario alguno. Después de todo -pensé- ¿Quién soy yo para echar dudas sobre la explotación del negocio de los milagros? Pero enseguida me dije: Cuando las multinacionales se hayan ido (de Irlanda) y el Tigre Celta esté lamiendo sus heridas, en Mullingar estará todavía la imagen resistente de la Virgen de Luján escuchando los pedidos de trabajo. Actualmente concurren al Santuario de Luján unos seis millones de personas al año, y siempre habrá un milagro a su alrededor.

 La antigua casa del Virrey está conservada como museo y se cree que en ella está la más importante colección de efectos y joyas de América Latina. La magnificencia de alguna de las perlas, los ornamentos de plata finamente trabajados y sus esculturas, desafían a los ladrones, aunque el lugar no tenga alarmas antirrobos.

 Una de las características que se destacan de la basílica de Luján, es que guarda muchos recuerdos de los irlandeses en vitrales, placas de donantes, etc. y un pródigo altar dedicado a San Patricio con estatuas de San Columbano, SanMalaquías, San Brendan, Santa Clara y el mismo San Patricio. Cuando San Patricio se celebra en día domingo, las comunidades argentino irlandesas provenientes de todo el país llenan la catedral. En el altar hay una bandera verde con la siguiente inscripción: ‘Eireann go bragh’ y ‘God Save Ireland’ (Dios salve a Irlanda), y a la par está la razón de mi nostalgia: una placa conmemorativa de la primera peregrinación irlandesa a Luján en 1901. La inscripción, escrita en irlandés, fue el lema escogido en 1931 cuando se fundó el Irish Press. Decía así: “De Cum Gloire De agus Onora na h-Eireann” (Por la gloria de Dios y el honor de Irlanda)

 La ayuda y la simpatía demostrada por los irlandeses en a Argentina a los movimientos por la independencia irlandesa, estuvo reflejada en el primer revolucionario del Parlamento Irlandés, ilegal a los ojos de los británicos, que acreditó la presencia diplomática en Argentina. El 17 de junio de 1919, el primer Dáil (representante de la Cámara Baja) designado fue Eamon Bulfin como representante en Buenos Aires. Esto fue un año antes que se nombraran representantes en Francia, Alemania, España y otras ciudades de América.

 La Cámara envió un delegado especial a Buenos Aires el 25 de julio de 1921, buscando el reconocimiento de la República de Irlanda. Este representante era Lawrence Ginnell95 un destacado portavoz del Sinn Féin96 durante la guerra anglo irlandesa. Promovió las celebraciones de misas de réquiem por “Las víctimas de la tiranía inglesa”97 pero el estallido de hostilidades entre los mismos irlandeses obligó a de Valera a ordenar el regreso de Ginnell, dejando su misión inconclusa, después de ocho meses de gestión.

 La guerra civil tuvo un efecto negativo en las relaciones de Irlanda con América Latina, como lo tuvo en su propio país. Más tarde, por varias décadas, el principal foco de atracción para la comunidad argentino irlandesa respecto a Irlanda, fue la realización del Congreso Eucarístico de 1932, al que los Argentinos enviaron una delegación. A los procesos de arrestos fue agregado el estallido de la segunda guerra mundial. La siguiente tabla comparativa, indica el balance de los contactos que tuvo Irlanda en ese período:

Período

1925-1930

1931-1940

1941-1946

Llegadas

938

1.006

80

Partidas

259

157

10

Balance

679

849

70

Totales 2.024 426 1.598

AISLAMIENTO

 Los años cuarenta y cincuenta fueron de estancamiento para Irlanda, aunque hubo una leve señal gubernamental de ampliar sus contactos diplomáticos con América Latina. Así que la primera misión diplomática fue acreditada en 1947, y en 1958 Dublín designó a Joseph Horan, su primer embajador en Buenos Aires. Durante los siguientes treinta años, fue la única embajada acreditada en el continente Sur Americano. Cuando Horan llegó, los contactos entre los irlandeses y los argentinos se habían diluido en el tiempo. Los irlandeses que llegaron fueron en gran parte profesionales contratados: hombres de negocios, consultores, ingenieros, maestros, empleados bancarios o sacerdotes por lo que Horan llegó a la conclusión de que la inmigración irlandesa a la Argentina había concluido y que ya no se renovaría, como sucedía con Australia, Canadá, Norte América y el Reino Unido. Esto motivó el aislamiento con la Argentina.

 Uno de los resultados fue que las mujeres de la comunidad no fueron preparadas para trabajos urbanos. En el año 1912 el diario Argentino Irlandés, “Fianna”, criticó con dureza a la comunidad, por mantener una actitud pasiva frente al tema educativo, porque consideraba que guardaba las mismas características a la que se impartía en la época superada de la hambruna. El artículo decía:

‘...actualmente hay una gran demanda en Buenos Aires de dactilógrafas, vendedoras y maestras bilingües, y sería un verdadero crimen condenar a jóvenes mujeres de nuestra raza al más servil y peor pago de los empleos como es el servicio doméstico,... y que por unos pocos dólares extras para su educación, podrían tranquilamente integrarse a mejores condiciones de vida con trabajos más livianos y un brillante porvenir. Consecuentemente, sería para ellas más accesible conseguir maridos y pasar a ser madres de familias educadas y cultas’.

  Debió haber habido un simbolismo muy fuerte en este comentario (31 de julio de 1912) porque el diario ¡dejó de publicarse! Mientras que en el resto del mundo las mujeres iban a trabajar a fábricas u oficinas, la gran influencia del clero argentino-irlandés, se oponía a que las mujeres se emplearan en estos trabajos, “para evitar todo contacto con los negros” (Italianos, españoles o descendientes criollos) Y en realidad a los que ellos llamaban “los negros” (o los natives), eran de piel oscura y descendían de los indígenas. Esta actitud racista dio lugar a que muchas chicas irlandesas recibieran una educación precaria, no suficientemente adecuada para emplearse como educadoras, oficinitas o secretarias. Solamente eran aptas para trabajos doméstica, niñeras o amas de llaves. La mayor evidencia de esta realidad, fue la predicación que hacían los sacerdotes desde los púlpitos, condenando los casamientos fuera del ámbito comunitario irlandés.98 Semejante presión, por supuesto, acrecentó la práctica de los casamientos entre la comunidad irlandesa. Un informe muy triste por cierto de la política aplicada por el argentino irlandés, que si bien comenzó durante la era del Padre Fahey con la mejor de las buenas intenciones, su resultado produjo lo que sigue:

Una amplia franja de gente sin bienes ni recursos, es sometida a la más vil servidumbre, que afecta notablemente el actual nivel de vida del argentino irlandés. Desde la colonización irlandesa, en la Argentina ninguna clase media progresó”99

 Este panorama ha cambiado desde los años cincuenta, pero también es cierto que muy pocos inmigrantes podían convertirse en dueños de estancias e ingresar al círculo dominante de la oligarquía, mucho menos que el número de los que trabajaban para ellos. También es cierto que una alta proporción de inmigrantes irlandeses no recibió ninguna educación. En los años cincuenta era muy raro encontrar nombres irlandeses entre los profesionales, aunque también es cierto que un alto porcentaje de argentinos pertenecientes a la franja de la clase media, tampoco lo hicieron. Eso mismo sucedió en Irlanda; al momento de recopilar datos censales, quedó en evidencia que a muchos irlandeses también les faltó educación. No obstante, siguiendo la tradición Fahey de mantenerse fuera de la política, la carencia de profesionales entrenados, fue ciertamente un factor importante que mantuvo a los descendientes irlandeses fuera de la política en la Argentina. 

DOS CASOS CASUALES

  Los irlandeses, o más bien la misma Irlanda, tuvo una notable incursión política durante la guerra Falklands/Malvinas, que temporalmente impulsó la popularidad irlandesa en toda la Argentina. En aquellos días Irlanda convocó a la Comunidad Europea e instó a los países miembros a que por unanimidad, se desestimaran las sanciones económicas propuestas por la Gran Bretaña contra la Argentina. Después que los británicos hundieran el crucero General Belgrano, Irlanda logró que la CE levantara las sanciones. He oído en repetidas oportunidades que el Primer Ministro Irlandés Charles Haughey “era un héroe”. Respecto a esta popularidad, debo mencionar dos casualidades que se registraron en la diáspora irlandesa y que son las dos caras de una misma moneda.

  Una de esas casualidades referidas, se produjo cuando estalló la guerra. En ese momento Joseph Doherty100 estaba peleando judicialmente por su extradición desde los EEUU a Belfast. Su abogado, el legendario Paul O’Dwyer, logró llegar a un acuerdo con el Departamento de Justicia de los EEUU por el que Doherty podía ser dejado en libertad y radicarse en un tercer país amigo, si es que O’Dwyer podía encontrar alguno. Eso quería decir: un país que no tuviera un acuerdo de mutua extradición, como por ejemplo el que existe entre la República de Irlanda y el Reino Unido-101 Eventualmente lo encontró: Argentina. No obstante, en un torrente de gratitud por parte de los argentinos después del conflicto bélico, llegaron a todo tipo de acuerdos con los irlandeses, incluyendo una extradición en el ámbito estatal. Como resultado de las tratativas, Doherty no pudo ser extraditado a la República de Irlanda y fue devuelto a Long Kesh102

  La segunda casualidad fue lo que le pasó a un busto de Padraig Pearse, el líder de la revuelta de 1916 en Dublín contra los ingleses. En reconocimiento a la comunidad Argentino Irlandesa por su colaboración en la recuperación de la independencia de Irlanda, el gobierno irlandés erigió un busto del líder revolucionario en la Plaza Irlanda, ubicada al final de la línea subterránea de Primera Junta de la ciudad de Buenos Aires, aledaño a los colegios irlandeses Santa Brígida y Monseñor Dillon. Durante la guerra de Malvinas, se desató una fuerte oleada anti-británica, pero algunos patriotas argentinos no tuvieron la paciencia para leer la inscripción escrita en el pedestal del busto: ‘Docente, poeta y patriota Irlandés...’ Como resultado de la bronca, el pobre Pearse, a quien los ingleses ejecutaron, voló en pedazos, como si fuera un ‘héroe británico...’

LA ANTIGUA Y LA NOVEL GENERACIÓN

  Así como resulta imposible medir el estado socioeconómico de todos los irlandeses en el mundo, también resulta dificultoso calcular con exactitud la cantidad de descendientes que componen las distintas comunidades. Los primeros inmigrantes están registrados como súbditos británicos, tanto irlandeses como ingleses, pero gracias al colosal trabajo que emprendió Eduardo Coghlan, que extrapoló los nombres irlandeses, fue posible aclarar el panorama. El trabajo que hizo Coghlan es el más consultado actualmente por la embajada irlandesa. Básicamente el referente de este trabajo y el de otras figuras sobresalientes como lo es Guillermo McLoughlin -el economista e historiador de Buenos Aires que viaja permanentemente entre la Argentina e Irlanda y ha investigado minuciosamente los vínculos de ambas naciones- concluyó: ‘Actualmente más de medio millón de personas diseminadas por todo el país, puede proclamar su descendencia irlandesa’103 Otros, tomando exclusivamente los nombres irlandeses, hablan de una suma de alrededor de 300.000. No obstante, McLoughlin aclara que él tiene en cuenta a las mujeres con apellidos irlandeses que por su condición de casadas, su descendencia pierde el apellido materno, pero siguen siendo de ascendencia irlandesa’.

  Con la mayor prosperidad registrada en los últimos años tanto en Irlanda como en la Argentina, y con las mejores posibilidades que tiene la gente de costearse un pasaje aéreo, los viajes entre los dos países han crecido considerablemente entre los años 1987-1997. También en la Argentina, como en cualquier otra parte del mundo, la música irlandesa ha jugado un papel importante y se ha ganado la adhesión entre los jóvenes. El conjunto popular “The Wolfetones” tuvo un gran éxito musical tanto en Irlanda como en la Argentina, a través de una canción en la que ensamblan sus versos entre el Almirante Brown y las Islas Malvinas. Otro grupo musical argentino “The Shepherds”, se especializa en música celta, y grupos irlandeses como “U2” y “The Chieftains” son populares cada uno en sus estilos. El popular grupo “Boyzone” visitó la Argentina unos días antes de mi arribo a Buenos Aires, y mientras escribo este libro, el pintoresco académico y político irlandés, Senador David Norris, preparaba su propio show en Dublín en la semana del “Ulises” de Joyce. En cuanto a lo deportivo, cada tanto los equipos de rugby de la Argentina e Irlanda se enfrentan, y cuando el equipo amateur Los Pumas le propina un bien merecido castigo, el soberbio y profesional Tigre Celta recupera un poco -no toda- la humildad perdida.

  La variada gama de instituciones que pueden visitarse en los alrededores de Buenos Aires, a simple vista devela el panorama de la vieja y la nueva generación. A unos cincuenta kilómetros al sur de Buenos Aires, se encuentra el “St.Patrick’s Home”, un hogar para ancianos irlandeses. Un retrato de Daniel O’Connell pende en un lugar de privilegio, con un manuscrito del Libertador: ‘Your faithful servant Daniel O’Connell”’(‘Tu siervo fiel Daniel O’Connell’). En el día de San Patricio se pueden escuchar historias tristes de aventuras y desventuras. Un hombre había perdido toda su propiedad de unos cuantos cientos de hectáreas a causa de las inundaciones. Ahora con sus ochenta años recuerda haber sido en su juventud un reconocido atleta, que había jugado al rugby, esquiado en los Andes, y haber viajado alrededor del mundo en un yate. ‘Ahora permaneceré acá hasta que Dios diga que vuelva a casa’ dijo resignado. Igual que el resto de los internos, estaba impecablemente aseado, sus ropas pulcras y planchadas y sus uñas prolijamente cortadas. Otro de los residentes había llegado como estudiante misionero en 1925 cuando tenía 17 años. Dijo recordar la guerra anglo irlandesa: “He visto a los chicos de la colina tomar el fortín Clonmel” y añadió melancólico: “Desearía no haber cruzado nunca el mar” También mantuve una conversación con una anciana que supo ser secretaria de la embajada irlandesa. Tenía un carácter muy jovial. Ese día estaba sumamente feliz.

  El hogar es mantenido por varias instituciones de la comunidad irlandesa encargadas de recaudar fondos a través de distintas actividades. El edificio, un viejo molino harinero, es muy antiguo y aunque se contara con el dinero suficiente para su restauración, está en dudas la conveniencia de invertir tanto dinero en una estructura tan vieja. Todo el ambiente se veía pulcramente acomodado y muy lustroso, pero las alfombras estaban gastadas y el mobiliario era muy antiguo. El hogar no recibe ningún tipo de subsidio del estado. Es muy probable que con el correr de los años se clausure. El número de internos bajó de 50 a 32 y los residentes actuales, serán derivados a instituciones de sus propias comunidades.

  En el Hurling Club ubicado en los suburbios de la ciudad, uno se encuentra con una gran cantidad de tréboles estampados a la entrada del club. Más detalles irlandeses se encuentran en los acolchados que resguardan los palos de los arcos, pintados con los colores de la bandera irlandesa: verde, blanco y anaranjado. También es inevitable el humor irlandés que se manifiesta con pícara malicia: “¡Oh, mi Dios! ¡Claro que Belgrano era gay! Todo el mundo lo sabe; y San Martín tuvo una amante de 14 años. Eran todos masones, incluso Brown. Era un corsario borracho. Nunca aprendió a hablar en castellano.” Más tarde, algunas palabras demoledoras sobre los íconos nacionales. El que hablaba, un miembro del club, me presentó así a un hombre morocho, tipo francés. “Este es nuestro único negro”

  El presidente del club, Alex Quinn, un dinámico hombre de negocios, fue socio del club desde el día de su nacimiento; su hermano es el vicepresidente y su padre, años ha también fue el presidente. El Hurling Club actualmente tiene solamente 900 socios, cuando en realidad eran 3.000. Quinn estima que la merma de socios se debe a la gran cantidad de entidades deportivas que se fueron creando en el tiempo con múltiples atracciones, por lo que tiene planes de utilizar los terrenos y ampliar sus instalaciones, mediante un convenio con el club militar local, y de esa manera entre ambas entidades, recaudar más fondos y construir un colegio, debido a que la actual escuela de cultura inglesa está resultando muy costosa para la comunidad irlandesa.

  Uno de los colegios irlandeses que actualmente está en continuo crecimiento es el Cardenal Newman dirigido por los Christian Brothers, algunos de los cuales viven en el colegio pero trabajan en los barrios. Cuando se refieren a sus trabajos en los barrios expresan: “Cuando llegan a conocerte está todo bien, pero de todas maneras las drogas y el desempleo lo torna peligroso”. Probablemente en el Cardenal Newman no se encuentren drogas. El edificio y el terreno son impresionantes y los religiosos, obviamente manteniendo las tradiciones irlandesas, han incursionado en los deportes argentinos. Una vitrina enorme en el hall de entrada está llena de magníficos trofeos de plata ganados por el equipo de polo del colegio.

  En el colegio asistí a una misa y a un concierto. En la iglesia había alrededor de 700 personas que atendían al oficio religioso presidido por una bandera irlandesa y retratos de San Patricio y del Hermano Edmundo Ignacio Rice desplegados en el altar mayor junto a la bandera Argentina. La feligresía variaba entre niños en brazos hasta ancianos. En cambio en la sala de conciertos la concurrencia fue mucho mayor. Cuando un integrante de la comunidad apareció en el escenario para cantar una canción de los Clancy Brothers, la plataforma se elevó, mientras que la gente en el bar permanecía de pie. Fue una velada muy alegre y una muestra de una comunidad activa. El Padre Fidelis Rush, un sacerdote pasionista que en sus ochenta actuó como un postrer padre Fahey y murió no hace mucho tiempo, fue el espíritu viviente del evento. Planificó sostener similares funciones en los cuatro rincones de la ciudad, y consideró que juntaría una multitud similar, o aun mayor a ésta. A pesar de la evidente declinación de los viejos tiempos, el número de niños en el acto del Colegio Cardenal Newman, pareciera augurar un buen futuro para la comunidad irlandesa.

  En varias ocasiones fui invitado a dictar algunas charlas-conferencias en la Universidad de Luján y en el Colegio Santa Brígida, que fue fundada por las Sisters of Marcy. En ambas reuniones hubo una gran concurrencia -¡aunque en Santa Brígida las chicas fueron por obligación!- En esa oportunidad un grupo de alumnas del Santa Brígida me pasaron por debajo unas notas con algunos comentarios peyorativos hacia sus profesoras. Necesité la ayuda del traductor de Luján para lograr entender a qué se referían, pero no obstante sus preguntas mostraron un evidente interés por Irlanda en general y el proceso de paz en particular. Un día o dos después de mi charla en Santa Brígida, la eficiente directora -el tiempo de las monjas ya es pasado- le pidió a algunas alumnas que prepararan un asado en mi honor, en cuyo transcurso bailarían algunas danzas gauchas. En la ocasión una de las chicas recitó un poema de Seamus Heaney 104 que había aprendido unos días antes, después de mi conferencia.

  Las librerías exclusivas de venta de libros son un real indicador del constante crecimiento de la cultura intelectual y económica. Es altamente significativo que algunos de los más importantes vendedores de libros en la Argentina y también en América Latina, sean de origen irlandés. Kathleen Duggan es la elegante, y aparentemente eficaz, miembro del grupo familiar compuesto por ella y sus dos hermanas (Maureen y Margaret) quienes, con la asistencia de las hijas de Kathleen (Rosanna y Hielen) administran el negocio de libros“Kel”. Kathleen me dijo que el interés por los escritores irlandeses crece constantemente. “Kel” es la librería más grande en la venta de libros en inglés que hay en Buenos Aires, y el numeroso, abierto y selecto auditorio, característica de su casa central, está siempre colmado por gente que gusta de la lectura. También se dictan clases de irlandés en la sucursal de Belgrano, que también está muy bien atendida. Los Duggan pertenecen a la segunda generación de una familia irlandesa originaria de Tipperary.

EL FUTURO

  ¿Habrá más como ellos? ¿Cuáles son las perspectivas futuras de esta sección de la diáspora irlandesa? Obviamente dependerá del contacto que se mantenga con Irlanda y la continuidad de los líderes de las comunidades en el traspaso a las nuevas generaciones. Cuando le pregunté al Padre Kevin O’Neill qué opinaba sobre las perspectivas de que la comunidad irlandesa se rejuveneciera por sí misma, me respondió: “Es que nunca vi perspectiva alguna de extinción...”

  Para finalizar esta capítulo, voy a dejarle la última palabra a Hugh O’Shaughnessy, el eximio autor londinense, periodista y locutor, considerado una autoridad en cuestiones irlandesas y latinoamericanas en general:

“En la retrospección, los irlandeses alcanzaron más en la región de lo que cualquiera podría esperar por su ínfima cantidad numérica. Desde un virrey irlandés, pasando por un soldado irlandés, más los religiosos, arquitectos y hombres de negocios, todos están mezclados en la historia de América Latina. ¿Qué sería de Buenos Aires sin el edificio Kavanagh? ¿O de San Juan si Marshal Alejandro O’Reilly no hubiese construido la gran fortaleza Morro? ¿Qué sería de Chile sin la marcialidad del General Bernardo O’Higgins? ¿O Paraguay sin la sofisticada Elisa Lynch?

Irlanda vertió una gran esencia en el cóctel de América Latina. Y lo más notable es que todavía se lo puede saborear”105

  De hecho que se puede, y por mi parte debo decir que encontré el sabor Argentino particularmente muy seductor.

 Se finalizó la traducción de este capítulo el 4/4/2007 a la 01:46 AM


 

Entrevista concedida personalmente al autor


 

N del T: San Brendan, el Navegante. Anexo biografías.


 

N del T: Dios Quetzalcóatl. Anexo biografías.


 

Barnwell, David ‘19th Century Irish Emigration to Argentina’, Columbia University Studies Seminar, 15 April 1988


 

N del T: Sacerdote jesuita Thomas Field, S.J. (1547-1626), del Condado de Limerick, es el primer misionero irlandés en Brasil.


 

N del T: Película sobre los asentamientos jesuíticos. Título original: The Misión. Año: 1986. País: Reino Unido. Duración: 125 min. Director: Roland Joffé. Reparto: Robert De Niro, Jeremy Irons, Aidan Quinn, Liam Neeson, Ronald Pickup, Ray McAnally, Cherie Lunghi, Chuck Low. Productora: Warner Bros. Pictures. Sinopsis: América, siglo XVIII. La Misión se encuadra en la jungla tropical que está por encima de las cataratas de Iguazú. Allí un jesuita, el padre Gabriel (Jeremy Irons), sigue el camino de un jesuita crucificado, sin más armas que su fe y una flauta. Al ser aceptado por los indios guaraníes, Gabriel crea la misión de San Carlos. A sus seguidores se une Rodrigo Mendoza (Robert De Niro), extraficante de esclavos, mercenario y asesino, que encuentra su redención entre sus antiguas víctimas, convirtiéndose a su vez en jesuita. Después de años de luchar juntos, se ven divididos por posturas opuestas en una dramática batalla por la independencia de los nativos. Uno confía en el poder de la oración. El otro cree en la fuerza de la espada.


 

N del T: El idioma guaraní es una lengua de la familia tupí-guaraní, hablada por unos cuatro millones de personas (de las cuales, unos dos millones como lengua materna) en Paraguay (donde es lengua oficial), el noreste de Argentina, el sur de Brasil y el Chaco boliviano. Es la lengua nativa de los guaraníes, un pueblo autóctono de la zona, pero goza de uso extenso aun fuera de la etnia. En la América precolonial se empleó regularmente por pueblos que vivían al este de la Cordillera de los Andes, desde el mar Caribe<