La
vieja huella de Edward Robbins

Edward Robbins (1802- 1866)
Hijo de Garret Robbins y de Margaret Deehan.
Nació en Killeens, Offaly, Irlanda, el 3 de enero de 1802
Casado con Margaret Eagan en1830, muerta en Irlanda el 25 de junio de 1844 ( 7 hijos).
Casado en segundas nupcias con Ann Ryan en 1845, viuda con 3 hijos de su anterior
matrimonio, con quien tuvo un hijo en Irlanda, antes de emigrar, nacido en junio de 1847.
Ella murió antes del mes de su llegada a Buenos Aires, el 21 de agosto de 1849.
Edward llegó a la Argentina el 22 de julio de 1849, con toda su familia: en total, eran 13.
Murió el 5 de abril de 1866, y fue enterrado en el viejo cementerio de San Pedro, que
hoy ya no existe, ubicado en el lugar de la actual plaza Mitre.
La vida nos ofreció un regalo en bandeja de plata: las memorias de un tatarabuelo irlandés que vivió entre 1802 y 1866, y que además arrojan una mirada retrospectiva hasta más allá de 1750.
La exactitud de los nombres y las fechas, su redacción clara y ordenada, sus reflexiones, nos sorprenden y nos dejan un interrogante que nunca tendrá respuesta.
¿ Qué motivo lo impulsó a escribirlas ?...
A su muerte, ese manuscrito fue celosamente guardado por más de cincuenta años por su hija Rosa Robbins de Brennan; cuando ella murió, en 1919, estas memorias fueron impresas por su hijo, Eduardo Brennan[1] y una copia fue enviada por él a su prima hermana, Julia Kehoe Robbins de McInerny, quien la conservó cuidadosamente hasta que murió en 1948. Años más tarde, requerida por un familiar, recorrieron un largo y peligroso periplo que culminó en Australia.
A poco de cumplirse dos siglos del nacimiento de su autor, el azar quiso que esa copia fuera recuperada y retornara a su punto de origen, donde se completó con un árbol genealógico que intentó aclarar las relaciones de parentesco entre los miembros de esta inmensa familia, a la que además se trató de ubicar en los momentos históricos que le tocó vivir a través de los años.
Este material, contenido en un interesante ejemplar bilingüe titulado “ Edward Robbins, 1802-1866, Historia de nuestro ancestro “, diseñado y recopilado por Florencia Young, con la valiosa traducción de Patsy Doyle, fue presentado el 1° de mayo de 2001 en el amplio y cálido ambiente de la Casa Nazareth, Carlos Calvo n° 3121, Buenos Aires. Muy bien recibido por el numeroso grupo familiar que concurrió a la cita, casi cien personas, con la emoción de algunos que se reencontraban después de muchos años y el asombro de otros que se conocían con anterioridad sin saber que eran parientes; y con la grata presencia de Rosita y Colette, dos primas que por primera vez viajaron desde su nativa Irlanda para visitar la Argentina.
Se sirvió un tradicional té en el que nada faltó; ni el clásico shamrock, plasmado en un precioso trébol de oro, donado por un miembro de la familia Cavanagh, que fue sorteado entre los presentes; ni la dulzura de las guitarras, acompañando canciones irlandesas y argentinas, que sonaron a la vez alegres y nostálgicas en esa tarde inolvidable, plena de emociones y añoranzas. Porque “ la vida siguió su curso y la familia se multiplicó hasta límites impensables. Y aún hoy, después de tantos años, leemos con interés estas viejas memorias que reafirman el valor de la perdurabilidad de la palabra escrita”.”Estas memorias de nuestro ancestro, que a todos los numerosos y dispersos seres que continuamos llevando sus genes, nos marcarán siempre una huella: la vieja huella de Edward Robbins “.
San Pedro, viernes 11 de mayo de 2001
[1] E. Brennan conservó el original, según la carta dirigida a su prima Julia Kehoe el 30– 12 –1919. Se supone que se perdió a su muerte.